JUAN RODRÍGUEZ SUÁREZ

                                                                    JUAN RODRÍGUEZ SUÁREZ


    Rodríguez Suárez, Juan, nació en Mérida (Badajoz), s. XVI y fallece en Las Lagunetas, Miranda (Venezuela), 11/09/1561


  Conquistador, colonizador, teniente general, justicia mayor.


   En 1536 llegó a Cartagena de Indias y se incorporó al Ejército de Gonzalo Jiménez de Quesada. Formó parte de la segunda expedición que, en 1540, en compañía de Gerónimo Lebrón y del capitán Ortún Velázquez de Velasco, llegó a Santafé por el río Magdalena.


  Posteriormente, en 1549, participó con el Ejército de Pedro de Ursúa y Ortún Velázquez en la fundación de la ciudad de Pamplona y Tunja, en Nueva Granada, de la que fue uno de los diez regidores que el fundador eligió para la nueva ciudad de Pamplona; como miembro del Cabildo permaneció avecindado durante nueve años.


 En enero de 1554 le concedieron una encomienda con ganado y durante ese tiempo realizó varios viajes por el territorio de Venezuela, abriendo nuevos caminos e introduciendo por primera vez ganado en la región. En marzo de 1554, la Real Audiencia de Santafé le nombró alcalde de las minas de Río de Oro.


 Un año más tarde, en 1555, el Cabildo de Pamplona comisionó al alcalde de la ciudad, Juan de Maldonado, que era enemigo personal de Rodríguez Suárez, para que emprendiera el descubrimiento de las minas en territorio de Sierra Nevada (Sierras Nevadas), poblada por indígenas timotes y mucuchíes, y en 1557 le asignó la misma misión al alcalde de Pamplona Juan Andrés Varela, pero como estas misiones no se llevaron a cabo, el gobernador Ortún Velázquez y el Cabildo accedieron a la petición de Juan Rodríguez Suárez de emprender este descubrimiento.


  En junio de 1558 partió de Chinácota (Colombia) con dirección a las Sierras Nevadas en busca de minas de oro y plata, acompañado de Juan Andrés Varela, alcalde de Pamplona (anterior comisionado para descubrir estas nuevas tierras), del escribano Pedro García de Gaviria, de Martín de Zurbarán, de Miguel de Trejo, de Antonio Reinoso de Valdés, de Antonio de Monsalve, de Pedro y de Juan Esteban, de Martín Garnica, de Alonso González, de Martín Garzón y de Miguel Salinas, entre otros. 


 De julio a septiembre de 1558 marcharon por los valles de Cúcuta, Torbes (llamado por Rodríguez Suárez valle de Santiago, por haber sido descubierto el 25 de julio, día del Apóstol), Cobre (que llamó en cambio de San Bartolomé), así como los valles denominados del Espíritu Santo de La Grita, Bailadores y Estanques y la laguna de Urao (Lagunillas, Mérida). En la ribera de esta laguna Rodríguez Suárez fundó, con sesenta soldados y catorce caballos, la ciudad que llamó Mérida, en recuerdo de su ciudad de origen (9 de octubre de 1558). Seguidamente, efectuó el reparto de encomiendas entre sus capitanes, que fueron de esta forma los primeros pobladores de la zona, asimismo se adjudicó el cargo de justicia mayor y escogió a los alcaldes y regidores, así como al procurador, alguacil mayor, escribano, tesorero y mayordomo. 


  Envió emisarios a Pamplona (Colombia) para hacer públicos los detalles del descubrimiento y fundación de Mérida, pero como algunos de los soldados no le tenían afecto, e incluso se consideraban menospreciados, escribieron a las autoridades de Nueva Granada denunciando lo que entendían como “atropellos” del conquistador. Mientras, Juan Rodríguez apreció que las condiciones climáticas y naturales (calor y mosquitos) del sitio elegido para la primera fundación no eran las adecuadas para un asentamiento permanente, por lo que decidió, el 1 de noviembre de 1558, trasladar la población al interior de Tatey.


   Esta misión fue criticada por Juan Maldonado (yerno del gobernador Ortún), en cambio, el historiador Cova alude a García Valverde, que como fiscal de la Audiencia de Santafé destituyó a Juan Rodríguez Suárez, reemplazandolo él mismo, al recibir la orden de la Real Audiencia de Bogotá de apresarlo y enviarlo preso a la capital “para responder de faltas que no había cometido” (Jackson), al haber fundado una ciudad sin contar con autorización real para ello. 


    En marzo de 1559, Rodríguez Suárez se encontraba en los márgenes del lago de Maracaibo buscando oro, después de no haberlo encontrado en las Sierras Nevadas.


  Allí, fue avisado de que Maldonado se encontraba en Mérida (que cambiado el nombre, por el de Rancherías de Sierra Nevada y más tarde se llamó Santiago de los Caballeros, buscándole para apresarlo, como hizo, y una vez preso, le llevó prisionero a Santafé, junto al capitán Juan Esteban y al escribano Pedro García de Gaviria, quien se ofreció para defenderlos.


  Juan Rodríguez Suárez emprendió la marcha con treinta y cinco soldados, con los que logró restablecer la explotación minera de oro en Jeques, que Pedro de Miranda había abandonado anteriormente, y allí mismo estableció su residencia. Entabló relaciones de amistad con el cacique Guaicaipuro (Guaicaipuro) de la comunidad de jeques (teques), pero éste le traicionó (según Jackson), al unir todas las comunidades indígenas de Guaicaipuro, Paramaconi, Tiuna, Terepaima y atacar el campamento español en Jeques, que estaba bajo el mando del teniente Lázaro Vásquez, antiguo oficial de Fajardo, matando a sus moradores, incluidos los tres hijos de Rodríguez que había dejado allí, y destruyendo “todo lo que encuentran en su camino”, por lo que el resto de sobrevivientes, que no se encontraba allí sino con Rodríguez, marchó hacia el valle de Caracas para reunirse con el pequeño ejército de Fajardo, y luchar conjuntamente contra los indígenas de la zona. El 1° de agosto de 1561, en el Hato de San Francisco (fundada por Fajardo), que había sido totalmente destruida por el cacique Paramaconi, Rodríguez Suárez fundó la Villa de San Francisco. En el mismo sitio donde posteriormente Diego de Losada fundó Santiago de León de Caracas, en 1567, Juan Rodríguez, junto a otros españoles, puso los primeros cimientos de la actual ciudad de Caracas, capital de Venezuela. Miguel Héctor Fernández-Carrión

www. Diccionario de Historia de Venezuela, t. III, Caracas, Fundación Polar, 1988.


                !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

 


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