FRANCISCO AYALA

                                                                      FRANCISCO AYALA 


     Francisco Ayala García-Duarte, escritor español, nacido en (http://Granada, el 16 de marzo del año 1906 y  fallecido en Madrid, el 03 de noviembre de 2009.​  

 Entre sus obras de invención destacan las novelas Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962) y sus colecciones de relatos Los usurpadores (1949) y La cabeza del cordero (1949)

  De formación jurídica, partió al exilio en 1939 y desarrolló su carrera profesional como profesor de Sociología en Argentina y Puerto Rico y, posteriormente, como catedrático de Literatura en diversas universidades de Estados Unidos. 

   Además, fue articulista, traductor y editor. Tras su vuelta a España con la democracia, Ayala fue reconocido, entre otros, con el Premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Nacional de Narrativa. Ocupó el sillón Z de la Real Academia Español.

Estados Unidos 

   A partir del otoño de 1958, y hasta su jubilación en 1976, Francisco Ayala ejerció de catedrático de literatura en diversas universidades norteamericanas, siempre teniendo la ciudad de Nueva York como principal residencia. Dio clases en la Universidad Rutgers (1958-1966), Bryn Mawr College (1959-1964), Universidad de Nueva York (1964-1966), Universidad de Chicago (1966-1973) y en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (1973-1976).​ En esta etapa Ayala disfrutó de una estabilidad económica y laboral que le permitió proseguir con su carrera literaria. En 1962 publicó la novela El fondo del vaso mientras se preparaba la traducción de Muertes de perro al inglés.

   En el verano de 1960, el autor volvió por primera vez desde el final de la guerra civil a España. Su intención, según confiesa en una carta a Guillermo de Torre poco antes de iniciar el viaje, era «tener la “experiencia” de España tras más de 20 años y toda una vida de ausencia, y esa experiencia es lo que, primordialmente, voy buscando». El viaje también supuso el retorno a su Granada natal, a la que no había vuelto desde hacía casi cuarenta años.

Obra

Narrativa

   Antes de cumplir los veinte años, Ayala ya había publicado dos novelas de corte realista: Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926). En ambas obras se aprecia claramente su profundo conocimiento de la tradición literaria española, desde Cervantes y la picaresca hasta el realismo galdosiano.​ Mientras que Tragicomedia de un hombre sin espíritu cuenta la historia de un hombre –Miguel Durán– víctima de la maldad de sus semejantes, Historia de un amanecer narra la lucha de unos revolucionarios contra un régimen opresor. En estas novelas el autor despliega las técnicas narrativas heredadas de la novela española tradicional. Aunque adolecen de los errores típicos de un escritor en ciernes, ambas obras ofrecen indicios de los derroteros que seguirá la narrativa ayaliana del futuro.

  Tras escribir estas novelas, Ayala buscaba nuevos caminos expresivos y entró en contacto con los movimientos de vanguardia, lo que daría lugar a una serie de relatos que recopilaron en sus dos libros vanguardistas: El boxeador y un ángel (1929)Cazador en el alba (1930), que, en opinión del crítico Juan Manuel Bonet, forman “uno de los conjuntos de textos más coherentes de la prosa de vanguardia española”.​ 

  El boxeador y un ángel está compuesto por cinco ficciones en las que asuntos anecdóticos en torno al cine (“Polar, estrella”) y el boxeo (“El boxeador y un ángel”) conviven con piezas de inspiración mitológica (“Susana saliendo del baño”) o bíblica (“El gallo de la pasión”). En la línea de la literatura deshumanizada defendida por Ortega, la trama es lo de menos en estas narraciones, en las que lo importante es el estilo y la originalidad. Esa actitud lúdica pervive en los dos textos que componen Cazador en el alba, previamente publicados en Revista de Occidente (“Cazador en el alba” y “Erika ante el invierno”), si bien en estos hay un intento consciente de lograr una mayor coherencia interna más allá de la simple experimentación vanguardista.

En conjunto, la prosa vanguardista de Ayala destaca por un cuidado estilo salpicado de metáforas, imágenes y comparaciones. También es importante la influencia del cine, tanto en los temas como en el interés del autor por trasladar la técnica cinematográfica a la literatura. La ciudad es la gran protagonista de estas narraciones, un decorado que refleja los avances de la sociedad contemporánea.

  El mismo año de su llegada a Buenos Aires, Francisco Ayala escribió su primer texto de ficción tras una década de silencio narrativo: se trata de “Diálogo de los muertos”, publicado en la revista Sur. No obstante, hay que esperar hasta 1949 para la aparición de Los usurpadores, libro de relatos con el que se inicia la fase madura de la producción literaria ayaliana. Estas narraciones, ambientadas en hechos de la historia de España, tienen como tema central la idea de que todo poder ejercido por el ser humano sobre su prójimo es siempre una usurpación.​ El libro, que cuenta con textos tan memorables como “San Juan de Dios” o “El Hechizado”, se cierra precisamente con el citado “Diálogo de los muertos”.

  También en 1949 dio a la imprenta La cabeza del cordero, conjunto de narraciones que se centran en la guerra civil. Para afrontar un asunto tan reciente y traumático, el escritor adopta un punto de vista moral para abordar la contienda y sus efectos. Más allá de lo anecdótico, relatos como “El Tajo” o “El regreso” indagan en los comportamientos humanos de los personajes y en la vertiente ética de las situaciones relatadas.​

La siguiente recopilación de relatos es Historia de macacos (1955), primer libro de Ayala publicado en España desde que saliera al exilio. Las narraciones de este volumen suponen una inflexión irónica en su producción; este cambio de tono también se percibe en el uso del humor tragicómico.​

   Coincidiendo con sus primeros años como profesor en Estados Unidos, Ayala vuelve a la novela con Muertes de perro (1958). Ambientada en un imaginario país en el trópico americano, la obra recrea el clima de opresión política y moral de una dictadura cuyo epicentro –el general Antón Bocanegra– apenas aparece en la trama. El protagonismo recae en el narrador testigo, Luis Pinedo, un sujeto que ha decidido escribir la crónica de los convulsos tiempos que le han tocado vivir, para lo que recopila diferentes testimonios, escritos y orales, entre los que destacan las memorias de otro de los protagonistas, Tadeo Requena, secretario personal del dictador. 

   Otros personajes importantes de la trama son doña Concha (mujer de Bocanegra), el ministro Luis Rosales y el doctor Olóriz. Técnicamente Muertes de perro destaca por la pluralidad de puntos de vista y discursos narrativos sobre los que se va desenvolviendo la trama, así como por la riqueza de los distintos registros lingüísticos. En palabras de José María Merino, más allá de ser una novela sobre un dictador, Muertes de perro “ofrece una parábola nada complaciente sobre ciertos aspectos de la experiencia social de los seres humanos”.​ El propio Francisco Ayala apuntó en esa dirección al indicar en su ensayo “El fondo sociológico en mis novelas” (1968):

... el elemento político en Muertes de perro constituye tan solo el marco –uno de los posibles marcos– dentro del cual se encuadra lo que es principal objeto de la novela: presentación de la vida humana desde ciertos ángulos en busca de su sentido último. Calificarla de «novela política» es errar su meta.

   El enfoque moral y la visión desencantada de la condición humana seguirán presentes en El fondo del vaso (1962), novela considerada hasta cierto punto una continuación de Muertes de perro. Si bien es cierto que se desarrolla en el mismo país una vez restablecida la democracia, y que su protagonista ya aparecía, aunque de manera anecdótica, en la misma, en El fondo del vaso cambia la situación política y cambia también el tono, más cercano a la sátira humorística que a la denuncia social. José Lino Ruiz, el protagonista, es un narrador muy del gusto ayaliano, “un pobre hombre cuyas vilezas iremos descubriendo a lo largo de su propio relato”.

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     Aunque de carácter memorialístico, Recuerdos y olvidos cabe ser considerada una obra literaria más de Ayala, pues tal como reconocía el propio autor a propósito de la publicación del primer tomo de sus memorias en 1982, “en ellas recojo hechos reales, por supuesto, pero transformados literariamente. Es un libro de ficción cuyo material es la experiencia real, sin transformación alguna en cuanto a los hechos, pero elaborados en cuanto a la forma”.​ El segundo volumen, “El exilio”, apareció en 1983 (Premio Nacional de Literatura en modalidad de narrativa) y el tercero, “Retornos”, en 1988. Coincidiendo con su centenario, Ayala publicó en 2006 un cuarto volumen, de carácter recopilatorio, titulado “De vuelta en casa”.

Estudios literarios

   Del mismo modo que el Ayala narrador es inseparable del Ayala sociólogo, el Ayala teórico y crítico literario no se entendería sin su enfoque sociológico ni su producción literaria. El propio autor explicaba así esta tendencia natural:

El cultivo de relatos imaginarios me ha procurado la mayor satisfacción, y en este género creo haber producido obras dotadas de alguna perennidad. Nadie podrá extrañar, siendo así, que, al margen de la creación de ficciones tales, me haya preocupado también por los problemas que dicha creación suscita, y que, apoyado en mi propia experiencia, haya intentado investigar y discurrir acerca de las peculiaridades, recursos, dificultades y felicidades del ejercicio novelístico; dicho en otras palabras: que me haya aplicado también, siquiera marginalmente, al estudio de la teoría literaria y a la práctica del análisis crítico.


    Retornado del exilio a los setenta años, Francisco Ayala inicia sus colaboraciones en periódicos y revistas de la capital española.

  • Palabras y letras (1983).
  • La retórica del periodismo y otras retóricas (1985).
  • Mi cuarto a espadas (1988).
  • Contra el poder (1992).
  • En qué mundo vivimos (1996).

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