LUISA ELENA PAESANO.

LUISA ELENA PAESANO


ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.
EL UNIVERSAL

La emoción de acompañar el piano con un contrabajo comenzó en Luisa Elena Paesano, cuando ella tenía 17 años y fue a dar un concierto en el canal 5. 

Antes del programa, mientras calentaba los dedos, se puso a tocar El diablo suelto, de Heráclito Fernández, y un bajista anónimo comenzó a seguirla con sus toques característicos. La entonces joven pianista quedó tan fascinada que se prometió que algún día tocaría con ese acompañamiento instrumental.

En 1988 se concretó y le agregó el cuatro. Así, el trío El Trancao nació con Paesano, acompañada por Ramón Narváez Malavé (contrabajo) y Dídimo Durán (cuatro).

Posteriormente, al irse Narváez, entra Michael Berti, quien luego sale del trío por razones de salud. Actualmente, el trío lo componen Paesano, Jesús Milano (bajo) y Edwin Arellano (cuatro), además de Daniel Milano, maestro compositor y arreglista. "Tenemos química, trabajamos muy bien. Son jóvenes y muy responsables y se adaptan bien a mí".

"...Lo que se escuchará este domingo será "pura música mía: danzas, contradanzas, merengues, joropos, polos, toda la esencia de nuestra música. Siempre que compongo me voy a la esencia y es música tradicional".

La intérprete de las teclas blancas y negras reconoce que "ahora hay collages, jazz y cosas modernas. Las respeto y me parecen muy lindas, y no es que estoy negada. A lo mejor, en un futuro. Pero en este momento mi creatividad se basa en la esencia del folclor".

Desde José Gregorio Monagas
La inclinación por la música tradicional le viene de familia, de abuelita y tías paternas pianistas, hacían veladas musicales en las que comenzaban con Chopin, Beethoven y otros, y terminaban con aires criollos.

Su abuelo _José Tadeo Monagas, nieto de José Gregorio el libertador de los esclavos_ tocaba la bandola, un instrumento que entró en desuso y que apenas tendrá unos veinte años de resurgimiento. A modo de anécdota, Luisa Elena relata que su tatarabuelo le hizo jurar a sus descendientes que nunca se meterían en política, y hasta el momento ninguno de los familiares ha quebrantado la promesa.

Más de cien obras
La profesora no tiene idea de la cantidad de obras compuestas por ella, pero calcula que sobrepasan las cien. "Siento gran satisfacción y estoy muy agradecida a Juan Francisco Sanz, quien va a hacer posible que sea editada mi música, y a Héctor Pérez Marchelli".
Ella se siente heredera de los compositores venezolanos del siglo XIX, tiempo cuando hubo "importantes académicos como Teresa Carreño, Ramón Delgado Palacios, Federico Vollmer, Rafael Izaza, Ricardo Pérez. 

Ellos empiezan a tocar y componer música para piano, danzas, valses, merengues. Tienen mucho éxito, pero esto cae en el olvido, pues hacia 1930 más o menos, cuando viene el gramófono y se ponen de moda otras músicas pop, el tango, queda relegada. En el siglo XX hay otro movimiento nacionalista, iniciado por pianistas académicos como Juan Bautista Plaza, Evencio Castellanos, Moisés Moleiro, Inocente Carreño. Ahora, otro movimiento en el siglo XXI, a nivel instrumental, con ensambles como El Cuarteto, Gurrufío, Saúl Vera y muchos otros. Hay un gran incentivo".

Explica que la pianista Diana Franklin le sigue en el campo de la composición. "Hay otros, pero tienen tendencias más contemporáneas, como Carlos Duarte. E intérpretes como Guiomar Narváez y Elizabeth Guerrero". Sobre arreglos que hayan hecho los músicos sobre su propia obra, dice que Saúl Vera tiene uno para su ensamble sobre El Trancao.

Igualmente reconoce la importancia y estímulo que tienen los concursos de piano para alumnos en el país. Por ejemplo, "la Cátedra Libre de Piano de Venezuela y Latinoamérica, patrocinada por la Fundación Edmundo e Hilde Schnoegass, el Concurso Nacional del Piano Venezolano, fundado y coordinado por Guiomar Narváez, que ha traído gran estímulo a los alumnos, y el otro que promueve Olga López, y las obras mías, se interpretan en todos esos concursos".

Por eso, para ella la música... "es algo extraordinario, un relax, un oasis espiritual que lo llena a uno, te transporta. Quiero hacer un llamado a los estudiantes de música para que empiecen a tocar nuestra música y la valoren, y la pongan en el sitial de honor que ella merece".
A la profesora Paesano, jubilada actualmente, la siguen buscando los estudiantes e intérpretes de piano para clases particulares, especialmente por su experiencia en la interpretación de las obras venezolanas.
"No es fácil su ejecución, ni escribirla tampoco, ni su lectura. Incluso, la pulsación de las teclas es distinta a la música clásica".


                  ¡HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!










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