HORACIO VANEGAS

                                                               HORACIO VANEGAS


Horacio Vanegas proviene de una familia de docentes. Una tradición que ha mantenido desde sus tiempos como preparador de prácticas en la cátedra de Francisco De Venanzi –médico.

Investigador, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela y Rector de esa misma institución–, quien lo estimuló a estudiar en la Universidad de Yale (Estados Unidos). 

Fue allí donde inició sus trabajos en el campo de la Neurofisiología, estudiando los mecanismos cerebrales de la conducta agresiva.

A su regreso a Venezuela, en 1969, se incorporó a la plantilla de investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). “Nunca más toqué un paciente”, recuerda Vanegas. Esa decisión radical tiene que ver con la libertad intelectual que respiraba la institución: “Hacía lo que me inspiraba hacer mi vocación científica y, además, viajaba mucho”.

En 1982 decidió dar un vuelco a su vida: “Inicié mi año sabático y le escribí a uno de los descubridores del sistema de control descendente del dolor en San Francisco (California, Estados Unidos). Estuve un año trabajando con él”. En 1983, de nuevo en Venezuela, debió comenzar de cero a rearmar su laboratorio. “Fue un esfuerzo inmenso”. 

Ese trabajo dio origen a más de 100 publicaciones con alta repercusión en el entorno científico internacional –de las cuales 27 son capítulos en libros especializados–, a un libro enciclopédico y a incontables conferencias alrededor del mundo. 

Es uno de los dos investigadores latinoamericanos miembros de honor de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor y el único venezolano a quien han nombrado Editor Asociado de PAIN –la principal revista científica sobre el dolor– por sus incalculables aportes en esa área.

Es, además, el único venezolano distinguido con el Premio Humboldt de Investigación en Alemania. A pesar de que confiesa que lo administrativo no es lo que más le gusta, durante cuatro años fue director del IVIC (hasta 1992). 

“Luego regresó felizmente a su laboratorio y oficialmente se jubiló en 1999, con 30 años de servicio y 60 de edad; pero siguió trabajando igual que antes”.

Casado con Alicia Ponte Sucre, profesora universitaria e investigadora en el área de enfermedades tropicales, Vanegas, virtuoso bolerista cuando tiene una guitarra entre sus manos, aún frecuenta el laboratorio que fundó, escribe textos científicos y divulgativos y encuentra tiempo para sus otras pasiones: la MÚSICA Y LA LITERATURA.

              ¡HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

Fuente:www.locatel.com

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