PÍO BAROJA Y NESSI


                                                                PÍO BAROJA
Ernesto Giménez Caballero lo denomina «abuelo del fascismo español». 

Pío Baroja y Nessi  nació el 28 de diciembre de 1872 en San Sebastián,  una ciudad y municipio situado en el norte de España, en la costa del golfo de Vizcaya y a 20 kilómetros de la frontera con Francia. La ciudad es la capital de la provincia de Guipúzcoa, en la comunidad autónoma del País Vasco y murió el 30 de octubre de 1956 en Madrid. 


Escritor español de la llamada Generación del 98, hermano del también escritor y pintor Ricardo Baroja y tío del antropólogo Julio Caro Baroja y del director de cine y guionista Pío Caro Baroja o sea, toda una generación de intelectuales.
Pío Baroja creció en el seno de una familia acomodada de San Sebastián, relacionada con el periodismo y los negocios de imprenta. 

Su bisabuelo paterno, el alavés Álava, provincia del País Vasco, Rafael Baroja, fue un boticario que se fue a vivir a Oyarzun e imprimió el periódico La Papeleta de Oyarzun y otros textos (proclamas, bandos, cartillas y ordenanzas de franceses y españoles) durante la Guerra de la Independencia. 

Luego, se casó con la hermana de otro farmacéutico apellidado Arrieta y, ayudado por sus hijos, trasladó la imprenta a San Sebastián y editó además El Liberal Guipuzcoano y algunos números de La Gaceta de Bayona que dirigía el famoso periodista y escritor Sebastián de Miñano desde Francia.
Su abuelo paterno del mismo nombre, Pío Baroja, aparte de ayudar a su padre a editar en San Sebastián el periódico El Liberal Guipuzcoano (1820-1823) durante el Trienio Liberal, imprimió la Historia de la Revolución francesa de Thiers en doce tomos con traducción del citado Sebastián de Miñano y Bedoya. Él y su hermano Ignacio Ramón continuaron con el negocio de imprenta y un hijo de este último, Ricardo, tío del novelista, será, con el tiempo, editor y factótum del periódico donostiarra El Urumea.
La madre de Pío Baroja, Andrea Carmen Francisca Nessi Goñi, nació en Madrid (1849) y descendía de una familia italiana lombarda originaria de la ciudad de Como, a orillas del lago del mismo nombre, los Nessi, a la que el escritor debe su segundo apellido. Debido a la repentina muerte de su padre, la madre marchó a educarse a San Sebastián con el abuelo Justo Goñi, y esta rama materna de los Goñi estaba vinculada a la navegación, algo que influyó en la narrativa posterior de Baroja, por ejemplo en su segunda tetralogía novelística, El mar.
El padre, José Mauricio Serafín Baroja Zornoza, fue un ingeniero de minas al servicio del estado; hombre inquieto y de ideas liberales, ejerció ocasionalmente el periodismo y su posición de ingeniero de Minas condujo a su familia a constantes cambios de residencia por toda España. Su primer apellido paterno, Baroja, procede del nombre de la aldea alavesa homónima (citada como Barolha en 1025, y situada en el actual municipio de Peña cerrada), de etimología incierta, aunque puede contener el elemento eusquérico ol(h)a 'cabaña', 'chabola'. En sus Memorias, el propio don Pío aventura una posible etimología del apellido, según la cual «Baroja» sería una aféresis de ibar hotza, que en euskera significa 'valle frío' o 'río frío'. Aunque también podría tratarse de una contracción del apellido castellano Bar(barr)oja.
Baroja nace en la ciudad de San Sebastián el 28 de diciembre de 1872 (día de los Santos Inocentes) en el número sexto de la calle de Oquendo. A causa del bombardeo de San Sebastián (descrito por Miguel de Unamuno en su novela Paz en la guerra), la familia cambió de domicilio a un chalet del paseo de la Concha. 

Pero, en 1879 se trasladaron todos a Madrid cuando Baroja contaba apenas siete años, a la calle Fuencarral y cerca de la era del Mico, entre la glorietas de Bilbao y Quevedo, espacio que marcó su infancia madrileña. El padre trabajaba en el Instituto Geográfico y Estadístico de Madrid y en un par de años volvió a cambiar de domicilio a la vecina calle de Espíritu Santo. Baroja pudo contemplar durante este periodo a los personajes madrileños de la época: los aguadores de origen asturiano, los soldados que llenaban las calles procedentes de la Guerra de Cuba, las porteras, viajeros diversos...
El padre frecuentaba por aquel entonces las tertulias de café que proliferaban alrededor de la Puerta del Sol y algunos de los escritores y poetas de la época fueron invitados a la casa de la calle del Espíritu Santo. Pero, un nuevo destino del padre, obligó a la familia a trasladarse a Pamplona, en Navarra que llegará a describir. El ambiente de Pamplona de final de siglo XIX dio abundantes aventuras a los componentes de la familia Baroja, así como a la adolescencia de Pío.
La calle donde residían gracias a la hospitalidad de Juana Nessi poseía solo un único número y se encontraba próxima a la Puerta del Sol y al hoy desaparecido Teatro de Capellanes (también llamado Teatro Cómico) y el Hospital de la Misericordia. La vivienda madrileña de los Baroja se encontraba en este periodo justo en medio de la pujante sociedad madrileña de finales del siglo XIX. Baroja regresaría a esta casa de la calle Capellanes años después, en su etapa prolífica de escritor.
Darío y Pío comenzaron a ir a una academia preparatoria para el ingreso en la Escuela Politécnica recién fundada. Baroja acabó el bachillerato en el Instituto San Isidro, donde conoció a Pedro Riudavets, con el que mantuvo largas conversaciones que Pío incluyó posteriormente en Las aventuras de Silvestre Paradox. Tras presentarse al examen de bachillerato Pío decidió estudiar la carrera de medicina iniciando el preparatorio correspondiente. 
Durante este periodo inicia su carrera periodística escribiendo artículos en La Unión Liberal (1ª fase 1889-1890) de San Sebastián, así como en algunos periódicos madrileños como La Justicia. Su hermano Darío fallece durante las fiestas navideñas de 1894 y la melancolía y la pena hicieron a la familia trasladarse a una casa en Burjasot para escapar de la ciudad, vivienda que describiría posteriormente Pío en El árbol de la ciencia.
Instalado en Madrid, empezó a colaborar en periódicos y revistas, simpatizando con las doctrinas sociales anarquistas, pero sin militar abiertamente en ninguna. Al igual que su contemporáneo Miguel de Unamuno, abominó del nacionalismo vasco, contra el que escribió su sátira Momentum catastrophicum.
La intervención de Baroja en la panadería de Viena Capellanes atrajo los odios de los familiares de Matías Lacasa. A esto se añadieron los problemas con los trabajadores de la panadería, la lucha con el gremio. Todo este ambiente hizo que dedicarse a la panadería no fuera de los negocios más felices de Baroja. A pesar de todo, conoce durante este periodo de la panadería, trabajando en el obrador a los personajes curiosos que nutrirían algunas de sus novelas (Silvestre Paradox, y la trilogía La lucha por la vida). 
En 1899 realizó Baroja el primero de sus numerosos viajes por Europa. Fue a París, llevando en el equipaje ideas para una primera novela. Allí presenció la vida, costumbres y alborotos de los franceses. Asiste a la vida nocturna de los cabarés y vive apasionadamente los sucesos del caso Dreyfus. Frecuenta además a los hermanos Machado, en especial a Antonio. Su figura se define ya con los rasgos con que se la recordará en el futuro: barba recortada, calvo, ojos expresivos y la típica boina vascongada. Al regresar a Madrid hace frecuentes excursiones a la sierra de Guadarrama y al monasterio de Santa María de El Paular

En una de esas excursiones a la sierra madrileña conoce a su amigo suizo, el hispanista, escritor y traductor de Friedrich Nietzsche al español Paul Schmitz y entra en contacto con las ideas del gran filósofo que impregnarán parte de su obra, residió largos años; de sus impresiones quedan abundantes reflejos en toda su obra, pero sobre todo en la trilogía La lucha por la vida, un ancho fresco de los ambientes humildes y marginales de la capital. Fue, de hecho, una especie de segundo Galdós por su conocimiento de los rincones más recónditos de la capital de España, aunque, a diferencia del narrador canario, Baroja no experimenta complacencia o complicidad con aquello que refleja, sino que critica con acritud cuando tiene que hacerlo y solo a duras penas muestra su lirismo, tan intenso como escaso.

Entre sus compañeros de paseo desgastaaceras (así se llamaban) fue el más frecuente Valle-Inclán, pues el mayor de sus amigos entonces, Azorín, no gustaba de andar. Las paradas en los bajos del café de Fornos de la calle de Alcalá eran frecuentes, al igual que en el Lyon d'Or. A sus tertulias solían ir los escritores y actores de teatro de la época.
La vida política de Baroja acusa una gran incoherencia, al igual que otros aspectos de la vida del escritor, pero al cabo se deja ver una evolución hacia el conservadurismo similar a la de otros autores de la llamada Generación del 98 como Azorín o Miguel de Unamuno (pero no como Antonio Machado o Ramón María del Valle-Inclán). Los periodos anarquistas y republicanos se localizan al principio de su trayectoria, y los totalitarios al final. Todos ellos, quedaron reflejados en la obra periodística de Baroja.
El 23 de septiembre de 1923 se produce el golpe de Estado de Primo de Rivera y Baroja no parece interesarse por el acontecimiento. Al poco tiempo da una conferencia en el Ateneo de San Sebastián en la que arremete contra la democracia liberal, a pesar de ello, no abandonó jamás sus convicciones anticlericales. 

Curiosamente, fue cofundador el 11 de febrero de 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética junto con otros autores no-marxistas como Concha Espina y Jacinto Benavente, que luego se adherirán al régimen franquista. En una entrevista realizada por Juan Aparicio López en la revista jonista La Conquista del Estado, fundada por Ramiro Ledesma Ramos, critica el advenimiento de la Segunda República Española. En mayo de 1935 fue admitido en la Real Academia Española; el 7 de septiembre de 1935 en su casa de Vera fallece Carmen Nessi, la madre de Baroja.
En plena Guerra Civil, publica el libro titulado Comunistas, judíos y demás ralea (1938) en el Valladolid del bando sublevado y Ayer y hoy en 1939, de suerte que Ernesto Giménez Caballero lo denomina «abuelo del fascismo español». El pensamiento de Baroja durante este periodo queda cristalizado en tres novelas donde la acción transcurre, en parte o totalmente, durante la guerra civil española.

Guerra civil: exilio 

Debido a las gestiones que realizó el profesor Manuel García Morente a Baroja le concedieron un salvoconducto para acceder a la España Nacional. El 13 de septiembre de 1937, tras un año de exilio regresa a España, cruza el puente internacional de Irún. Vive en la casa de Vera y se deja ver poco. En enero de 1938 invitan a Baroja a Salamanca para jurar como miembro del recién creado Instituto de España y para gestionar la publicación de artículos periodísticos muy críticos con la República en general y con los políticos republicanos (como el conocido «Una explicación», publicado en el Diario de Navarra, 1-IX-1936).
Regresa a París, e inicia una serie de viajes de ida y regreso a España hasta el final de la guerra. A medida que se acercaba el año 1939, en París se anunciaba la proximidad de un confrontamiento. Regresa a España definitivamente en junio de 1940. Ese mismo año regresa a un Madrid de posguerra. En La soledad de Pío Baroja (1953) Pío Caro relata la vida de la familia en el periodo que va desde 1940 a 1950.
Baroja cultivó preferentemente el género narrativo, pero se acercó también con frecuencia al ensayo, y más ocasionalmente al teatro, la lírica (Canciones del suburbio) y la biografía. Existe una contribución de Pío al libreto de una opereta escrita por el músico Pablo Sorozábal titulada: Adiós a la bohemia (estrenada en el Calderón en 1933).

 Narrativa

  • Tierra vasca es una tetralogía que agrupa La casa de Aizgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903), Zalacaín el aventurero(1908) y La leyenda de Jaun de Alzate (1922).
  • La vida fantástica está formada por Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (pasión mística) (1901) y Paradox rey (1906).
  • La lucha por la vida integra La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1904).
  • El pasado consta de La feria de los discretos (1905), Los últimos románticos (1906) y Las tragedias grotescas (1907).
  • La raza está formada por La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia (1911).
  • Las ciudades agrupa a César o nada (1910); El mundo es ansí (1912) y La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia (1920).
  • El mar es su segunda tetralogía: acoge Las inquietudes de Shanti Andía (1911); El laberinto de las sirenas (1923); Los pilotos de altura (1929) y La estrella del capitán Chimista (1930).
  • Agonías de nuestro tiempo recoge El gran torbellino del mundo (1926); Las veleidades de la fortuna (1927) y Los amores tardíos(1926).
  • La selva oscura incorpora La familia de Errotacho (1932); El cabo de las tormentas (1932) y Los visionarios (1932).
  • La juventud perdida reúne Las noches del Buen Retiro (1934); El cura de Monleón (1936) y Locuras de carnaval (1937).
  • Saturnales, la última, agrupa a El cantor vagabundo (1950); Miserias de la guerra (2006) y Los caprichos de la suerte (2015).

Obra teatral

El acercamiento de Baroja al mundo teatral estuvo marcado de dudas. No albergaba demasiadas esperanzas de ser representado a causa de las muchas exigencias de los empresarios teatrales. Uno de sus primeros intentos corresponde a su obra más temprana, La casa de Aizgorri (1900). Sin embargo, parece que le interesó siempre el teatro y cuanto lo rodeaba desde que empezó su vida como escritor: durante un tiempo escribió crítica literaria en el El Globo y llegó a participar incluso como actor esporádico en algunas obra de la época y en filmes que adaptaban sus obras. Aparte de algunas novelas dialogadas de su primera época, dejó seis piezas teatrales, un conjunto algo heterogéneo:
  • La leyenda de Jaun de Álzate (leyenda vasca puesta en escena), 1922
  • Arlequín, mancebo de botica, sainete
  • Chinchín comediante
  • El horroroso crimen de Peñaranda del Campo, que el autor calificó de «farsa villanesca»
  • El nocturno del hermano Beltrán
  • Todo acaba bien... a veces, concluida en 1937 en París.
Cabe destacar también su colaboración con el cine en las dos adaptaciones de su novela Zalacaín el aventurero. En la versión de finales de los años veinte de Francisco Camacho, él mismo interpreta el papel de carlista. En la de Juan de Orduña de los cincuenta, hace de sí mismo junto con el propio director, que va a visitarle como prólogo a la historia. Si bien no era mucha su afición al teatro ni a los espectáculos populares, adaptó su obra teatral Adiós a la bohemia y compuso el libreto para la ópera chica homónima con música de Pablo Sorozábal estrenada en 1933.

                           Material periodístico

Baroja nació en el seno de una familia de periodistas sus abuelos fueron impresores y editores. Es más, su padre Serafín era colaborador de diversos periódicos de San Sebastián. Sus primeros trabajos literarios los realizó Baroja precisamente escribiendo pequeños artículos en periódicos y a lo largo de su vida surtió una abundante y constante creación de materia periodística que ha sido objeto de profundos estudios. 


  • Baroja escribe en:
  • El Liberal, 
  • La Justicia
  • El Imparcial, todos diarios madrileños, pero también en periódicos como
  • Mercantil Valenciano y 
  • El País e históricos periódicos donostiarras como 
  • La Unión Liberal
  • La Voz de Guipúzcoa y 
  • El Pueblo Vasco. Escribe en revistas finiseculares como 
  • Germinal
  • Revista Nueva
  • La Vida Literaria
  • Alma Española y 
  • Juventud, prosiguiendo luego en La Lectura y España.
A los 17 años escribe sobre literatura rusa en La Unión Liberal de San Sebastián, periódico de corte monárquico. A veces lo hace empleando seudónimos: «Doctor Tirteafuera» (como hizo Dionisio Pérez Gutiérrez), «Pío Quinto», «Juan Gualberto Nessy», etc. Fue también corresponsal de guerra. Y, durante su estancia en París en plena Guerra civil española, tuvo que colaborar activamente para ganarse la vida y escribió en La Nación de Buenos Aires desde fines de 1936 hasta mediados de 1940. En su primera etapa como periodista escribió artículos al alimón con su hermano Darío y, tras su regreso a España y ya anciano, colaboró en Granada GráficaEl Norte de Castilla y Heraldo de Aragón, así como en otros muchos a que no puede bastar cuenta cierta.
El primer periódico donde probó a escribir fue El Ideal, propiedad del comandante Prieto; se trataba de un periódico de corte republicano y lo hizo sin firmar. Tras este breve intento periodístico pasó a colaborar en La Justicia de Nicolás Salmerón. Las colaboraciones en El Globo marcan un hito en la carrera literaria de Baroja. Fundó en 1915 la revista España, algunos de cuyos colaboradores llegaron a ser ministros y cargos públicos durante la Segunda República.

Pío Baroja en la cultura popular

Ya durante su vida pudo ver Baroja traducir sus novelas a otros idiomas y su figura era ya popular a comienzos del siglo XX. Se dio su nombre a una serie de monumentos, plazas, calles, colegios, como el CEIP Pío Baroja (Móstoles). En Madrid, entre la calle Alfonso XII que va desde el monumento al Ángel Caído y la Cuesta de Moyano, hay una figura en cuerpo de entero de bronce que reproduce la estampa de Pío Baroja, obra de Federico Collaut-Vera.

Fue inaugurada por el alcalde Enrique Tierno Galván el 17 de marzo de 1980 con asistencia de los sobrinos de Baroja. En el pedestal puede leerse: «De Madríd a Pío». Placas conmemorativas de su estancia en Madrid pueden encontrarse en la calle Misericordia (junto a la plaza de Celenque).
Bilbao dedica una plaza a su memoria y da nombre a una de las estaciones del tranvía que para cerca de ella: Estación de Pío Baroja (Línea A del EuskoTran).
En 1966 una de sus novelas fue adaptada al cine español: La Busca dirigida por Angelino Fons. Entre los biógrafos de Pío Baroja y algunos familiares aún existen controversias sobre diversos aspectos de su personalidad y de su obra.
En 12 de mayo de 1935 fue admitido en la Real Academia Española con el discurso titulado La formación psicológica de un escritor; contestado por Gregorio Marañón. En él, se define como un escritor de calle, sin formación en el lenguaje.

Fue éste acaso, el único honor oficial que se le dispensó. Posteriormente algunos académicos entrarían en la Academia con discursos relativos a la obra de Baroja. Se celebró en la Real Academia de la Historia el centenario de su nacimiento publicando artículos en su Boletín sobre la historicidad de la novela Barojiana.  www.wikipedia.com

              !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!


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