JOSEFINA FALCÓN DE OVALLES


                                           JOSEFINA FALCÓN DE OVALLES

Por: Bernardo Navarro

La lengua es un ser vivo; un organismo que cambia, envejece,se adapta y en ocasiones llega a morir. Cada sociedad en su época y espacio —de manera inconsciente, en gran medida— moldea su propia lengua, en atención a las necesidades de su entorno físico, social y cultural.

Por ello, el análisis léxico de un idioma pasa necesariamente por una visita a muchos factores extralingüísticos  hablantes hacen uso de su vehículo de comunicación. 

 Es posible que la Profesora Josefina Falcón de Ovalles haya tenido esto en cuenta cuando inició su investigación lexicográfica que el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” (CELARG) publicó bajo el título ¿Cómo es su gracia? Un aporte al estudio del léxico venezolano, puesto que en él las consideraciones sobre el idioma van mucho más allá de los factores lingüísticos y nos presentan una rica exploración de muchos aspectos que sirven de marco socio-cultural a los hablantes del español de Venezuela.

El texto, distribuido en dos tomos, se divide en varios capítulos, relacionados con aspectos de la vida diaria y las costumbres de emblemáticas poblaciones —en sus espacios urbanos y rurales— de Venezuela, como Barquisimeto, Valencia, Maracaibo o Caracas. Se establece los límites cronológicos de la muestra entre las primeras décadas y mediados del siglo XX, sin que por ello sean raras las continuas alusiones a referencias anteriores o posteriores a este periodo. De hecho, una característica fundamental de este estudio es su seguimiento diacrónico del uso de las voces; parte de su origen (posible o establecido), continúa con el momento de uso frecuente y termina informando sobre su situación actual.


A propósito de esta misma característica es oportuno resaltar de igual modo que subyace en la exposición del estudio un tono memorístico que recuerda las crónicas anecdóticas de las autobiografías o los diarios personales. Sin que éste sea el objetivo del libro, son evidentes los puntos de contacto que existen con estos géneros, toda vez que es innegable el rescate del pasado que se puede constatar en la revisión de actividades hoy casi desaparecidas como “el estricto ritual de cortejo de las señoritas” (Capítulo IV) o la solemnidad de las celebraciones familiares (Capítulo V).

Parece que además del análisis lingüístico, la Profesora Falcón de Ovalles aprovecha la ocasión para documentarnos acerca de una época radicalmente diferente a la de la generación actual, en la que un imaginario en completo “desuso” hoy día jugó un papel primordial, como es lógico, en la estructuración de nuestro léxico. Sirva de elocuente ilustración las propias palabras de la profesora Falcón de Ovalles a este respecto:

..."Las ventanas de la sala, por lo general más de una, carecían de romanilla. Y la razón se debía a la costumbre criolla de abrirlas por las tardes, a fin de que las jóvenes y las no jóvenes, vestidas y acicaladas, se sentaran a disfrutar del aire fresco, a ver y a que las vieran. En otras palabras, “ventearse un poco y exhibirse otro tanto” (2011:26).


De este pasaje también es posible rescatar otro aspecto del libro: el estilo ligero, didáctico y jocoso. La profesora Josefina ha ejercido la docencia durante toda su vida, y lo ha hecho además en todos los niveles de la educación. Con una experiencia tan vasta en el campo de la enseñanza no debe extrañarnos que uno de sus principales objetivos durante la exposición sea una comunicación clara y directa con los potenciales lectores. De esta manera, el libro alcanza un rango de interés entre el público mucho más amplio (jóvenes que se acercan a conocer, adultos y mayores que se acercan a recordar), puesto que logra una armonía placentera en todos los aspectos y propósitos que hemos señalado. 

Se trata de un estudio lexicográfico en clave de memoria que presenta en forma fresca un acercamiento al idioma a través de un estilo ameno:
Estas palabras “dominó” y “pierrot”, tan oídas y familiares para las personas de aquellas lejanas épocas, se desvanecieron con el tiempo a la par de sus personajes. Se fueron igual que las fiestas carnavalescas. La misma suerte han tenido tal vez aquellas voces, específicas de cada región venezolana, con que niños y jovencitos manifestaban su petición de juguetes y caramelos a las carrozas que recorrían las calles, en donde se jugaba el carnaval … 

Nos informa una amiga oriental, Ligia de Sánchez Landaeta, que cuando la petición infantil no era respondida favorablemente, la venganza se traducía con el grito unánime de “¡Pichicato…! ¡Pichicato!”, palabra que en el habla margariteña y carupanera equivale a “tacaño”, “pichirre” o “lechero”. ¡Y bien merecida la tenían! (2011:216-217).


Como cierre, quizás debamos informar en esta reseña sobre este magnífico libro, como dato laudatorio de la autora y que tiene repercusión en la calidad de su obra, que siendo la profesora Josefina miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua, el vastísimo material de referencia que usa como corpus de su estudio nos permitirá además acercarnos a un importante número de nombres y obras de la tradición literaria de nuestro país, que constituyen el refugio de muchísimos términos, expresiones y costumbres que de otra manera también se habrían perdido para siempre.

Es así finalmente, que podemos hacernos una idea del gran aporte de este texto al estudio del español de Venezuela y al rescate de la memoria de buena parte de nuestras tradiciones populares.

*Como un aporte al conocimiento de la obra de la Profesora Josefina Falcón de Ovalles, reconocida docente y  ductora de juventudes. Académica de Número en Venezuela.


                ¡HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!


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