ARGENIS RODRÍGUEZ, ESCRITOR

                                                                              ARGENIS  RODRÍGUEZ


               Argenis lo repetía hasta el cansancio: lo que más amaba en esta vida era la lectura.  Una pasión desmedida por los libros le hacía relegar cualquier otra actividad por lo que solía decir que resumía su paso por la existencia con una sola frase: confieso que he leído.  Cuando no leía, escribía, y sus escritos lo hicieron “el más joven cultivador del género narrativo en la última promoción de escritores”, según lo afirmó Pedro Díaz Seijas en 1986.
           
            Para Argenis la novela nace con Cervantes, quien se inspiró en las lecturas de los cuentos italianos; pero son los ingleses como Charles Dickens, quienes le dan el tinte social al género.  Flaubert, con Madame Bovary, hizo hincapié en la protesta social.  El naturalismo nace como Zola y la introspección aparece como James Joyce.  El Ulises de este último autor fue lectura preferida de Argenis y la influencia de la misma en su obra posterior ha sido recalcada.  

        Salvador Garmendia lo escribió así: “Argenis se leyó casi todos los libros; pero no todos por haber pasado demasiado tiempo descifrando el Ulises de Joyce… cuando comenzó a escribir a prisa y en las hojas de un cuaderno a rayas, lo hizo con la falta de modales, desparpajo lexical, la inclasificable sintaxis y el desdén arrogante por el uso del tiempo y demás previsiones formales, con que aquel libro de horas, blasfemo, fugaz, irreverente, le había encendido las ideas noche a noche.  Esa escritura exasperada, erudita, fantástica y demencial se convirtió en su religión secreta.  Como diabólico saltamontes joyceano quería saltar en una misma línea, del lecho conyugal al burdel, de la piedad al desenfreno, de la soledad más oscura a la claridad indecente y maltrecha de las calles.  Puedo imaginarlo, releyendo en alta voz, cien veces seguidas, y por último ya a ojos cerrados como si repitiera obsesivamente una lección que se niega a revelar su sentido…”

            El cuento y la poesía, como los géneros más antiguos de la literatura, ocuparon la atención de Argenis de manera especial.  Para él, la Biblia era un cuento largo, o varios cuentos, Chejov es uno de los mejores cuentistas y Horacio Quiroga le atraía por la ola de suicidios que lo envolvía.

            Julio Cortázar explicaba el boom como un fenómeno literario en un determinado punto del planeta, cuyo auge y desplazamiento obedece al capricho de los tiempos y la geografía.  El decir en un momento dado favorece la cultura y específicamente la literatura en determinado país o continente.  Para Argenis el boom es la continuidad del arte literario y donde las mejores tradiciones de las letras se conservan a través del hilo narrativo.  Por eso la influencia palpable en las obras de los autores del boom, de Camus, de Sartre, Joyce, Flaubert, Faulkner y Hemingway.

            El Extranjero, es la novela que llevó a Camus al premio Nóbel.  El personaje principal es el prototipo representante del existencialismo.  Sábato trató de imitar al Extranjero con su Túnel, Camus en la Peste no alcanzó el grado de excelencia literaria logrado en el Extranjero. Todos estos autores los leía y releía Argenis.

            De los latinoamericanos Argenis admiraba a Arturo Uslar Pietro y sus Lanzas Coloradas a pesar de que más tarde escribió una diatriba en contra del escritor y que quedó inédita.  El peor cuento de Pocaterra es Panchito Mandefuá; pero es el  más difundido.  Es necesario releer a Jorge Isaacs, José Eustaquio Rivera y Romero García.  Memorias de un vividor de Tosta García, es la mejor novela venezolana de su tiempo.  

             El falso cuaderno del Narciso Espejo, de Guillermo Meneses, es una obra a la altura de James Joyce, Hess, Sastre,  o Mann.  Vidas Oscuras, de Pocaterra, lo comparaba con Señor Presidente.  De los poetas latinoamericanos el más admirado era Rubén Darío Azul y Cantos de Vida y Esperanza eran su plato preferido, mientras que los nocturnos los consideraba insuperables.  Para Argenis la vida era una tragedia, y la lucha más terrible era contra la conciencia, la idea de la muerte y el futuro incierto.  Todo esto era el sinsentido de la vida.  Su admirado poeta, Darío, lo resume en los versos de Lo Fatal, recitados constantemente por Argenis :

                        Dichoso el árbol que es apenas sensitivo
                        y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
                        pues no hay dolor más grande que el dolor del ser vivo,
                        ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

                        Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto
                        y el temor de haber sido y un futuro temor…
                        y el espanto seguro de estar mañana muerto,
                        y sufrir por la vida y por la sombra y por

                        lo que no conocemos y apenas sospechamos
                        y la carne que tienta con sus frescos racimos
                        y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
                        y no saber a dónde vamos
                        ¡ni de donde venimos…!


            Pero, el inspirador de todos los poetas es Baudelaire y sus Flores del Mal.  Allí están las prostitutas, los burdeles y sus consumidores de opio.  Baudelaire es el punto de partida para Verlaine y Rimbaud.  De Baudelaire, Argenis tomaba en serio dos recomendaciones.  La primera tiene que ver con el trabajo creador, pues Baudelaire decía que la inspiración era hermana del trabajo diario.  La segunda se refiere al matrimonio, el cual no recomendaba por lo que sugería tener sólo queridas.  La mujer puede ser la perdición para un poeta, para un escritor.  Tenemos un ejemplo de Mariano José Larra (Fígaro) que escribió artículos como “El Día de Difuntos de 1836”.  Para Argenis ese artículo estaba escrito en el espíritu de los grandes poetas como Baudelaire, Rimbaud o Lautreamont y explicaba la razón de su muerte.  Argenis no aceptaba eso de matarse por una mujer.  Larra se mató, según Argenis, porque sufría por España.

            El 27 de noviembre de 1997 Argenis celebró en solitario sus cumpleaños y  leyó a Rimbaud :  Las Iluminaciones y una Temporada en el infierno, luego anotó : “Soy un literato desde que nací.  No he hecho más que leer y escribir.    Con mi obra lo que he ganado son enemigos.  Nunca he sido complaciente.  Yo veo el lado malo de las cosas porque creo que el hombre tiene más vicios que virtudes, yo no se si esto es mío o lo aprendí de Sade o de Colin Wilson.  Sade pasó la mayor parte de su vida en una prisión y murió en un manicomio de Charenton.  Colin Wilson es un burgués de mi misma edad, pero tuvo la fortuna de nacer en Inglaterra.  Sus novelas han sido llevadas al cine.  No es lo mismo nacer en Santa María de Ipire que nacer en Londres, tengo esa desventaja”.  

    ....Argenis murió como murió pero a fin de cuentas lo hizo alegre. No perdió su tiempo. Fue fiel a sí mismo. Había dejado una obra extraordinaria. Antes gritó como quiso, fue orinó bajo el cielo mirando los árboles, miró la tarde al fondo de los oscuros cerros, el mundo apagado después de la juergas de ese día lunes de carnaval. Se acomodó con serenidad y serenamente se fue  EL 06 DE MARZO  DE 2000.

                                            HOMENAJES:

    Entre el 4 y el 6 de agosto se celebró, en la ciudad venezolana de San Juan de Los Morros, una serie de actividades en homenaje al escritor Argenis Rodríguez, quien se suicidara en esa localidad a principios del mes de marzo.

     El viernes 4 se inauguró a las 4 pm, en la Biblioteca Pública Central Rómulo Gallegos, la exposición bibliohemerográfica en torno a la figura del autor, acto en el que se presentó igualmente el ensayo Argenis Rodríguez: desesperación calificada, de José Sant Roz. A las 5 se procedió a la instalación de la fundación que lleva el nombre del escritor.

     A las 10 am del 05 de agosto, en los espacios de la Casa de la Cultura de San Juan de Los Morros, varios amigos de Rodríguez encabezaron una tertulia sobre su vida y su obra, para luego realizar la presentación del video Concierto de Clara Rodríguez en homenaje a su padre, elaborado en el Aula Magna de la Universidad de los Andes.

   El acto central se realizó el domingo 6 a las 8 am, cuando los allegados de Rodríguez se reunieron frente al Bar Guárico, establecimiento del que era asiduo, y caminaron en dirección al Puerto de Cabruta, donde fueron esparcidas sus cenizas según lo dispusiera en su momento.

  Argenis Rodríguez, nacido en 1936, fue uno de los escritores más prolíficos de Venezuela, y su obra, de la que destacan sus libros Entre las breñas y Escrito con odio —en los que recuenta algunos de los momentos más agrios de la vida política venezolana de la segunda mitad del siglo—  Esparcen en Cabruta las cenizas de Argenis Rodríguez.

  CONFIESO QUE HE LEÍDO...                     

                            !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

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