MANUELA SAENZ

                                                    Manuela Sáenz
Ir a la navegaciónIr a la búsquedaManuela Sáenz Aizpuru (Quito, Real Audiencia de Quito, 27 de diciembre de 1795-Paita, Perú, 23 de noviembre de 1856) fue una patriota quiteña, reconocida por la historiografía independentista hispanoamericana contemporánea como heroína de la Independencia de América del Sur. Es conocida también como Manuelita Sáenz y como "Libertadora del Libertador" sobrenombre que le otorgó Simón Bolívar al salvarle la vida durante la Conspiración Septembrina en Bogotá.
HEROINA Y PRÓCER
  Criticada, denigrada, ignorada y desterrada por sus contemporáneos, aún décadas después de su muerte, sólo a mediados del siglo XX Manuela Sáenz empezó a ser nombrada como una gran heroína y prócer en la gesta de la independencia o como precursora del feminismo en América Latina.​
Hija del hidalgo español Simón Sáenz de Vergara y la criolla María Joaquina de Aizpuru, nació en Quito el 27 de diciembre de 1795, (aunque algunas fuentes citan, casi un año después de la muerte de su madre.)
Su madre, que había sido enviada a la hacienda Cataguango, propiedad de los Aizpuru, a dar a luz, murió, según unas versiones, el día que nació Manuela, según otras, dos años más tarde, por lo cual la niña fue entregada al Convento de las Monjas Conceptas (Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción), en el que pasó sus primeros años bajo la tutela de su superiora, Sor Buenaventura.
   Por sus talentos y dones especiales, su padre la llevó de visita a la casa que compartía con su esposa, Juana del Campo y Larraondo, ilustre dama nacida en Popayán, quien siempre trató a la niña con cariño y le enseñó buenas costumbres, fomentó su interés por la lectura y le prodigó afectuosos cuidados de madre. En esa casa nació un profundo lazo de amor con su hermano de padre, José María Sáenz. A las negras Natán y Jonatás le unió una amistad que se inició en la niñez y fueron sus inseparables amigas y compañeras.
   Luego de haber completado su formación con las monjas conceptas, pasó al monasterio de Santa Catalina de Siena (Quito), de la Orden de Santo Domingo, para concluir así con la educación que en ese tiempo se impartía a las señoritas de las más importantes familias de la ciudad. En ese lugar, aprendió a bordar, a elaborar dulces, a comunicarse en inglés y francés, habilidades y labores que fueron con las que se mantendría en sus años de exilio en Paita (Perú).
   En 1815, a los 17 años huyó del convento en un episodio del que se sabe pocos detalles, y del cual ella no hablaba, pues al parecer fue seducida y luego abandonada por Fausto D’Elhuyar, oficial del Ejército Real, sobrino de Juan José Elhúyar e hijo de Fausto Elhúyar (los descubridores del tungsteno).En 1817 se une en un matrimonio de conveniencia con el acaudalado médico inglés James Thorne.
 Por sus actividades pro-independentistas, José de San Martín, luego de haber tomado Lima con sus milicianos y proclamado su independencia el 28 de julio de 1821, le concedió a Manuela el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú.
  En un encuentro posterior, en el baile de bienvenida al Libertador, él le manifiesta: «Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España». Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha durante ocho años, hasta la muerte de éste en 1830.

                                         Años turbulentos

  En 1823 Manuela acompañó a Bolívar al Perú y estuvo a su lado durante buena parte de las campañas, participando en ellas activamente, hasta culminar la gesta libertadora cuando se radicaron en la ciudad de Santa Fé de Bogotá. Thorne en varias ocasiones pidió a Manuela que volviera a su lado. La respuesta de Manuela fue contundente: seguiría con Bolívar y daba por finalizado su matrimonio con el inglés. Este comportamiento "indecente" para una mujer de la época marcó un antecedente en la mujer en una época donde eran reprimidas por una sociedad que las anulaba completamente, pero durante toda su vida ella sólo seguía sus convicciones para llamar la atención del hombre de sus sueños. 

                                    La libertadora del libertador

Durante su estancia en Santa Fé de Bogotá, el 25 de septiembre de 1828, el Libertador Simón Bolívar fue objeto de un intento de asesinato, frustrado gracias a la valiente intervención de Manuelita. Los enemigos de Bolívar, encabezados por Francisco de Paula Santander, se habían conjurado para darle muerte aquella noche de septiembre. Al entrar al Palacio de San Carlos (hoy en día sede de la Cancillería de Colombia), frente al Teatro Colón, Manuela se da cuenta del atentado, y se interpone a los rebeldes, con el fin de que Bolívar tuviera tiempo de escapar por la ventana. En conmemoración de estos hechos en esta casa se colocó una placa con las siguientes palabras:


"SISTE PARUMPER SPECTATOR GRADUM / SI VACAS MIRATORUS VIAM SALUTIS

QUA SESE LIBERAVIT / PATER SALVATORE PATRIAE / SIMON BOLIVAR / IN NEFANDA NOCTE SEPTEMBRINA

AN MDCCCXXVIII"​

"DETENTE, ESPECTADOR, UN MOMENTO / Y MIRA EL LUGAR POR DONDE SE SALVÓ / EL PADRE Y

LIBERTADOR DE LA PATRIA / SIMÓN BOLÍVAR / EN LA NEFANDA NOCHE SEPTEMBRINA

1828"
   Por estas acciones, Bolívar mismo la llamó la Libertadora del Libertador.
  Tras las investigaciones posteriores, los responsables del atentado fueron capturados y ejecutados, Francisco de Paula Santander fue acusado de traición, siendo hallado culpable del atentado. Fue degradado, expulsado deshonrosamente y condenado a morir fusilado por la espalda; pero se le perdonó la vida y fue desterrado.​

Exilio y muerte

   Después de que fuera aceptada su dimisión a la presidencia, Bolívar abandonó la capital el 8 de mayo de 1830 y falleció en diciembre en la ciudad de Santa Marta producto de un trastorno hidroelectrolítico​ (aunque durante mucho tiempo se ha supuesto que murió de tuberculosis), sumiendo a Manuela en la desesperación. 

   En 1834, el gobierno de Francisco de Paula Santander destierra a Manuela de Colombia y ella parte hacia el exilio en la isla de Jamaica. Regresa a Ecuador en 1835, pero no alcanza a llegar a Quito: cuando se encontraba en Guaranda, su pasaporte fue revocado por el presidente Vicente Rocafuerte, por lo que decidió instalarse en el puerto de Paita, al norte del Perú.​ Allí fue visitada por varios ilustres personajes, como el patriota italiano Giuseppe Garibaldi, el escritor peruano Ricardo Palma (que se basó en sus relatos para redactar parte de sus Tradiciones peruanas) y el venezolano Simón Rodríguez. Durante los siguientes 25 años se dedicó a la venta de tabaco, además de traducir y escribir cartas a los Estados Unidos de parte de los balleneros que pasaban por la zona y de hacer bordados y dulces por encargo.
En 1847, su esposo murió asesinado, siendo incapaz de cobrar ni siquiera los 8000 pesos de la dote entregada por su padre al momento de su matrimonio.
Manuela falleció el 23 de noviembre de 1856, a los 60 años de edad, durante una epidemia de difteria que azotó la región.​ Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones, para evitar el contagio, fueron incineradas, incluidas una parte importante de las cartas de amor de Bolívar y documentos de la Gran Colombia que aún mantenía bajo su custodia. Manuela entregó a O’Leary gran parte de documentos para elaborar la voluminosa biografía sobre Bolívar, de quien Manuela dijo: «Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero».

Valoración histórica

Manuela Sáenz es sin duda uno de los personajes más interesantes de las guerras de independencia de América del Sur. Según sus detractores, su relación con Simón Bolívar opaca sus propios méritos personales, como una de las grandes defensoras de la independencia de los países sudamericanos y como una de las más destacadas y avanzadas defensoras de los derechos de la mujer.
Solo en la mitad del siglo XX, gracias al revisionismo histórico, aparecieron biografías y ensayos en los que se empezó a reivindicar su papel como líder en la gesta libertadora de lo que hoy son Colombia, Ecuador y Perú.​ En los últimos años Sáenz ha sido convertida en un icono del feminismo latinoamericano e igual como sigue teniendo detractores su vida también es exaltada por escritores e historiadores como Alfonso Rumazo González, Germán Arciniegas o Alberto Miramón y Pablo Neruda.

                      Homenaje en Venezuela

   El 5 de julio de 2010, en el marco de la conmemoración del 199.° aniversario de la firma del Acta de Independencia de Venezuela, llegó al Panteón Nacional un cofre que contenía tierra de la localidad peruana de Paita, donde fue enterrada Manuela Sáenz. Estos restos simbólicos fueron trasladados por tierra atravesando Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela hasta arribar a Caracas, donde reposan en un sarcófago diseñado para tal fin junto al Altar Principal en DONDE YACEN  los restos de Simón Bolívar. Además, a Sáenz se le concedió póstumamente el ascenso a Generala de división del Ejército Nacional Bolivariano por su participación en la guerra independentista, en un acto que contó con la presencia de los presidentes de Ecuador y Venezuela.​
En 2013 el gobierno de Venezuela inauguró un monumento a Manuela Sáenz denominado Rosa Roja de Paita una escultura de 14 metros ubicada justo al lado del Mausoleo de Simón Bolívar en Caracas.​ Uno del tanqueros petroleros de la flota de PDV Marina lleva su nombre. FUENTES VARIAS... WIKIPEDIA ORG/GRAN ENCICLOPEDIA DE VENEZUELA, EDITORIAL GLOBE,N° 10.

               !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!


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