FRANCISCO PIMENTEL (JOB PIM)

                                                                                            FRANCISCO PIMENTEL 

Francisco Pimentel Agostini, escritor y humorista venezolano, conocido bajo el pseudónimo de Job Pim, nació en la ciudad de Caracas, el 1 de septiembre de 1889 y muere en la misma ciudad de Caracas, el 12 de agosto de 1942.

En 1917, junto a Leoncio Martínez, José Antonio Calcaño y José Rafael Pocaterra, fundó el diario humorístico Pitorreos.

Hijo de Francisco Pimentel Anderson y Margarita Agostini Caspers, fue educado en una familia con afición a la literatura. Junto a Leoncio Martínez (Leo) y Aquiles Nazoa, representa a uno de los más importantes poetas y humoristas del siglo XX venezolano.

La Educación primaria la cursó en el colegio de Teresa Pérez Bonalde y el bachillerato en el colegio Santa María. Entre 1909 y 1912, estudió derecho, carrera que no llegó a culminar, ya que durante este lapso comprobó su vocación literaria. Aunque fue un destacado poeta lírico, se le conoce fundamentalmente por su obra humorística, bajo el pseudónimo de «JOB PIM» y "El JOBO"

Su carrera periodística comenzó en El Nuevo Diario, en 1913, con una sección titulada Pitorreos. Luego, pasó a ser colaborador en los diarios El Universal y El Heraldo, además de escribir en las revistas El Cojo Ilustrado y Élite. En 1923 participó junto a Leoncio Martínez en el semanario Fantoches, que poco tiempo después se convirtió en diario. Desde allí, se presentó como un vehemente opositor a la dictadura de Juan Vicente Gómez y dio inicio a un período de nueve años por distintas cárceles del país.
Al morir Gómez, fue designado cónsul de Venezuela en Valencia, España, cargo que desempeñó hasta el comienzo de la Guerra Civil Española, cuando el ministro Esteban Gil Borges le ordenó retornar. Después de la guerra volvió a España, pero su estado de salud le obligó a regresar a Caracas en 1940, donde reanudó su actividad periodística hasta su muerte el 12 de agosto de 1942.
En 1950 fue homenajeado por el Ministerio de Educación de Venezuela al renombrar una de las escuelas de la caraqueña parroquia Santa Teresa en su honor. Sus Obras Completas fueron editadas por su hermana Cecilia Pimentel en 1958 y publicadas el año siguiente por la Editorial América Nueva en México.

Obra

Verso
  • Desde mi Periscopio
  • Pitorreos, 1917
  • Sal de Pim, 1943
  • Graves y Agudos, 1940
Prosa
  • Enciclopedia Espasa, 1931
  • El Balance de Eva, 1922


LA MUSA POPULAR DESPIDE A FRANCISCO PIMENTEL

Te llevas la gracia mía
cajón de mi mala suerte
y al recibirlo, la muerte
se alegra con tu alegría.
Piragua de los espantos,
canoa de la desgracia,
del mundo a los camposantos
y la gracia de los Santos
y la del Ave María;
e inconforme todavía
de la gracia que te alegra,
caja negra, caja negra,
te llevas la gracia mía.
Nunca llevó mejor carga,
ni patrón de más donaire,
ni mejor vela en el aire
Andrés Eloy Blanco


Su última prisión fue en el año de 1928, después de la protesta de los estudiantes. Pasó varios meses oculto, pero luego decidió entregarse. Durante esta última prisión, a causa de habérsele presentado un dolor de estómago agudo y constante -principio de la enfermedad que le causaría su muerte- se logró que lo pasaran al Hospital Militar, donde estaban otros presos entre ellos: don Casimiro Vegas, padre de María Luisa, la que fue después su esposa.
En su última prisión escribió unas coplas al coronel Jorge García; aún allí florecía su ingenio y triunfaba su espíritu. Con las siguientes coplas correspondió el Jobo a una inesperada gracia que le concedió el Alcaide de La Rotunda, permitiéndole que aprovechara los servicios de un dentista, que había ido a terminar un trabajo a Lucas Manzano, para que se mandara a hacer una plancha dental:

Señor alcaide y guardián:
siempre fue la gratitud
la más excelsa virtud
que los mortales tendrán:
Darle gracias, pues, me toca
y las doy con efusión;
pues si el favor fue en la boca
me llegó hasta el corazón.
Otro tiempo en este "hotel"
me dejé la dentadura,
y no me dejé la piel
porque la tengo muy dura.
Y aunque el compensar no abunda,
usted resarce; es sencillo:
lo que perdí en La Rotunda
lo encuentro en el Manzanillo.
Mas yo vengo tan errado
hace diez años y pico
que quizás me perjudico
con los dientes que he logrado:
pues dirán, lógicamente:
"Si el Jobo antaño mordía
teniendo monda la encía
¡cómo morderá al presente!"
Pero la intención fue buena
y tenga certeza plena,
mi custodio y coronel:
cada vez que dé un mordisco,
lo recordará Francisco Pimentel.
Job Pim imprimió siempre a sus escritos un ferviente amor a la libertad, combatiendo sin tregua en su estilo, al parecer festivo, la tiranía de Gómez. Irreductible en su dignidad de patriota y de hombre, soportó una vida de pobreza y de privaciones, sin claudicar jamás, y sin miras políticas de ninguna clase.

Fue grande su compenetración con el medio ambiente venezolano, y más que nada con el medio ambiente caraqueño. Llegó a ser un maestro consumado en saber echar mano de cualquier tema y regalarnos Todo lo criollizaba a su gusto. Llegaba al máximo su habilidad al tratar su propia y quebrantada salud. Solo un humorista como "Pim" pudo escribir un soneto tan maravilloso como el que tituló Desahuciado:

Me han visto nueve médicos. Los nueve,
de nuestra Facultad ornato y gala.
Los nueve encuentran mi salud tan mala,
que me debo morir en plazo breve.
Congestión en el hígado, y no leve;
bronquitis, de la tisis antesala;
un riñón de su puesto se resbala
y el colon no funciona como debe.
Yo morir no me siento... Pero ¿cómo
nueve sabios así de tomo y lomo
se van a equivocar sobre mi suerte?
¿Que me debo morir? ¡Venga la muerte!
¡Todo antes que dejar en la berlina
a media Facultad de Medicina!

Regresó a Venezuela en 1940, y a pesar de sus quebrantos de salud, reanudó sus tareas periodísticas para El Heraldo, El Universal y El Morrocoy Azul. Fue sometido a una intervención quirúrgica, como último recurso para sus males. Apenas sobrevivió a la operación 36 horas. Y todavía en ese estado conservó su espíritu humorístico. 


Al regresar de la mesa de operaciones, como fuera a verlo el poeta Blanco, le dijo:
-Andrés Eloy, ¿sabes que por fin abrieron el segundo frente?
Está delirando, pensó Andrés.
Pero el Jobo continuó, mostrándole al amigo la herida que le dejará la operación:
-Sí, viejo, se lo abrieron al más zoquete. Me lo abrieron a mí...


Dos grandes poetas lo despidieron en su tumba: Miguel Otero Silva con su soneto Y Andrés Eloy Blanco con su glosa: La Musa Popular despide a Job Pim.

EL Humorismo de Job Pim
Muchos de sus chistes y anécdotas, que improvisaba con espontaneidad asombrosa, fueron recogidos por varios escritores. Entre otros:
“Ingresó en cárcel de La Rotunda un sujeto del interior de la República, el cual tenía todas las trazas de ser un general.
Alguien dijo: -Como que es un general el preso. Replicó el alcaide con voz fañosa: -Aquí no hay más general que Gómez. -Y el hambre, que también es general, respondió el humorista.

              !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

fuentes:www.wikipedia.org/radiocomunaelhatillo.blogspot.com/

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