JEAN FRANCOIS DUVALIER+


                                                                JEAN FRANCOIS DUVALIER 


Jean François Duvalier, nació en Port-au-Prince, el 14 de abril de 1907. Descendiente de una familia de escasos recursos procedentes de la isla de Martinica, departamento de ultramar francés, situado al norte de Santa Lucía, en aguas del mar Caribe.

Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Haití, institución de altos estudios de donde egresó con el título de médico cirujano en 1934. Su primera actividad como facultativo la cumplió en la clínica “Emilie Séguineau”, situada en las cercanías de Port-au-Prince. 

Desde su temprana juventud, cuando se desempeñaba como interno en el hospital San Francisco de Sales se aficionó por las patologías infecciosas propias de las regiones tropicales.Ya como médico, estudió Sanidad Pública en curso de especialización que siguió en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. A su retornó a Haití junto a otros sanitaristas enfrentó la malaria y el tifus entre otras endemias, que azotaban al país de las tierras altas, según la primitiva lengua taína. 

Logró importantes avances en la investigación científica orientada al control de las epidemias, y al mejoramiento de la salud pública en su país y en algunos otros del África ecuatorial, causando favorable impresión tanto a la Organización Panamericana como a la Organización Mundial de la Salud. 

En 1939 contrajo nupcias con la joven mulata Simone Ovide, hija ilegítima del escritor Jules Faine y Célie Ovide. En 1946, fue designado para desempeñar funciones administrativas como director general del Servicio Sanitario Nacional y, en 1949, el presidente Dumarsais Estimé, le designó ministro de Sanidad y Trabajo.

El 10 de mayo de 1950, al consumarse el golpe militar patrocinado por el coronel Paul Eugène Magloire, contra el presidente Estimé, el jefe de la cartera de Sanidad y Trabajo, pasó a la clandestinidad. Al producirse el derrocamiento del presidente Paul Eugène Magloire, el 12 de diciembre de 1956, el sucesor de éste, Joseph Nemours Pierre-Louis, proclamó una amnistía general y, como consecuencia de ella, Jean François Duvalier salió de la clandestinidad, incorporándose a la actividad política de Haití.

A finales de 1956 y comienzos de 1957, después de una anarquía generalizada que elevó a la presidencia provisional a Joseph Nemours Pierre-Louis, desde el 12 de diciembre de 1956 al 4 de febrero de 1957; a Franck Sylvain, del 7 de febrero al 1 de abril de 1957; a León Cantave del 1 al 6 de abril de 1957.
  • Consejo ejecutivo de gobierno del 6 de abril al 20 de mayo de 1957, integrado por
  • Léonce Bernard, 
  • Georges Bretous, 
  • Stuart Cambronne, 
  • Antoine Pierre-Paul, 
  • Vilfort Beauvoir, 
  • Weber Michaud, 
  • Seymour Lamothe; 
  • Raoul Daguilh, 
  • Théodore A. Nicoleau, 
  • Ernest B. Danache, 
  • Emmanuel Bruny, 
  • Max Bolté, 
  • Grégoire Eugène; a León Cantave del 20 al 25 de mayo de 1957; a 
  • Daniel Fignolé del 25 de mayo al 14 de junio de 1957 y, 
Antonio Thrasybule Kebreau del 14 de junio al 22 de octubre de 1957, éste último favorece la redacción, discusión y aprobación de una moderna constitución que le permite al sanitarista Jean François Duvalier, obtener un resonante triunfo en las elecciones celebradas el 22 de octubre.

Su campaña estuvo caracterizada por una estrategia populista basada en la identidad racial hacia la supremacía de la negritud, le hace imponerse contra la élite mulata en el poder desde que esta nación caribeña obtuviera su independencia de Francia en 1804.

La campaña de Duvalier tuvo éxito y, “Papa Doc”, como el mundo le conocería por largos años, fue electo a la primera magistratura para cumplir un período presidencial de 6 años. Su primera tarea consistió en desprenderse de los jefes militares que le habían ayudado en su fugaz campaña electoral. A todos les sustituyó, otorgándoles privilegios en el exterior con embajadas y agregadurías que, prontamente, dejó sin efecto.

Su poder lo estructuró basado en su auto proclamación como “Líder de los negros más pobres”, en el terror que inspiraban los integrantes de la milicia los “Tonton Macoutes” quienes en el largo reinado duvalierista cometieron crímenes y desapariciones que jamás se podrán cuantificar, y en el fetichismo proclamado por el Estado con el auxilio de chamanes y sacerdotes del vudú, que aterraban a los más sencillos de los pobladores haitianos.

El 22 de diciembre de 1958, Jean François Duvalier para reforzar su posición externa, se entrevistó en la frontera dominico-haitiana con el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, donde quedaron dirimidas las antiguas controversias de los estados colindantes, rubricando un acuerdo de “mutua protección”. Asimismo, los gobernantes expresaron que “al reafirmar la norma de no intervención, condenan al comunismo internacional y cualquiera otra forma de injerencia en los asuntos internos y externos de los Estados,” como tampoco permitirán pero la revolución cubana aún no era socialista.  

Duvalier y el Jefe dominicano dicen que: “... están dispuestos a no tolerar en sus respectivos territorios la presencia de ningún individuo que realice actividades subversivas contra los Estados signatarios de la presente declaración y, en particular, la de los exiliados políticos cuya acción perjudica las buenas relaciones entre dichos Estados, así como la propaganda sistemática por medio de la cual se incite al empleo de la fuerza o la violencia”.

El presidente Duvalier con la finalidad de preservar el poder que había conquistado en las elecciones de octubre de 1957, creó en 1959, la organización paramilitar “Voluntarios de la Seguridad Nacional” para controlar a la disidencia política tanto en el sector militar como en el civil. Este cuerpo extraño a las instituciones policiales fue denominado por el pueblo como “Tontons Macoutes”.

Igualmente, con la complicidad de las fuerzas militares socavó y destruyó las instituciones que le servían de soporte, disipando la frágil aspiración democrática que estaba latente en las entrañas del pueblo. Para la instauración del régimen personalista, autocrático y vitalicio que auspiciaba Duvalier y sus seguidores, postergando la Constitución y pulverizando los sistemas institucionales de la República, relegando y reduciendo a su mínima expresión el régimen parlamentario, judicial y municipal, colocándoles bajo el abrigo de la corrupción. 

Jean François Duvalier, con pleno control de la disidencia interna, implementó un sistema político que restauró las deformaciones más crueles y arbitrarias del militarismo y del despotismo latinoamericano del siglo XIX, sometiendo a Haití a una de las más repudiables tiranías de la humanidad, con la indiferencia de las sociedades más avanzadas en desarrollos políticos y sociales. A pesar de un generalizado repudio mundial hacia las prácticas totalitarias del gobierno haitiano, y de la suspensión de la ayuda que Estados Unidos le prestaba a esta nación caribeña, Duvalier hizo caso omiso a ellas, y emprendió su campaña para obtener la presidencia vitalicia. 

Con la muerte del presidente Kennedy, los escrúpulos norteamericanos desaparecieron y, Duvalier, se transformó en adalid del anticomunismo en el convulsionado Caribe y, en gobernante, a perpetuidad. En las elecciones celebradas en 1961, se presentó como candidato único, obteniendo 1.320.000 sufragios. En junio de 1964, luego que una Asamblea Nacional totalmente controlada por el dictador que reformara la Constitución, fue refrendado como Presidente vitalicio con derecho a sucesión

En 1966, el Vaticano, en decisión sin precedente, le permitió al presidente nombrar a los miembros de la jerarquía católica haitiana, perpetuando, con esta disposición vaticanista el nacionalismo de la negritud, que constituyó para Jean François Duvalier le reafirmación de la esencia de su programa electoral esbozado en la campaña de 1957. 

Como en otros regímenes totalitarios, el de Duvalier fue artero en asesinatos, secuestros y expulsión para domesticar a los disidentes. Todos los movimientos insurgentes fueron tratados con máximo rigor, entre ellos, la asonada de la marina de guerra, en 1967. 

El terror instaurado por el “bondadoso Papa Doc”, trascendió más allá de su muerte al ser divinizada su figura. Por herencia dejaba, a un impúber sucesor y a la nación más pobre de América donde había instaurado en alianza con un pueblo anarquizado por secular ignorancia, una de las dictaduras más salvajes de la segunda mitad del siglo XX, imponiéndose sobre el país, sin límite alguno hasta su muerte ocurrida el 21 de abril de 1971. 

Él gobernó un estado fascista y ultra violento y fomentó una dinastía que impuso su única voluntad por más de treinta años, tiempo en el que se causó daños físicos, humanos y patrimoniales a la nación haitiana. A destiempo, en 1986, el pueblo desenterró, arrasó y azotó su cadáver. www.fundaciónjoséguillermocarrillo






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