MARIO BRICEÑO PEROZO

                                                                                   MARIO BRICEÑO PEROZO



Nació en la ciudad de Trujillo, Estado Trujillo, Estados Unidos de Venezuela, el 22 de julio de 1917, cursa la enseñanza primaria en su ciudad natal, en la Escuela Federal Cristóbal Mendoza y estudia el bachillerato en el antiguo Colegio Federal, dirigido por los Dres. Claudio Llavaneras, Antonio Ramón Iriarte.

Escuela provista de un excelente equipo de profesores, auxiliares y examinadores entre los cuales recordamos a Don Tobías Valera Martínez, el Dr. Andrés Lomelli Rosario, Br. Neftalí Valera Hurtado, el Dr. José Nicomedes Rivas, el Dr. Cristóbal Benítez, el Pbro. Francisco J. Sánchez, el Dr. Ramón Urdaneta Braschi, el Dr. Roberto J. Sánchez, el Dr. Ramón Briceño Perozo, Alfonso Marín, el Dr. Rómulo Aranguibel, el Dr. Pedro Emilio Carrillo, el Dr. Abel Mejía, los Dres. Manuel Ángel y Ricardo Palma Labastida el Dr. Fernando Heredia, el Dr. Adalberto Anzola Urdaneta, Trino Olavarrieta Jiménez, el Dr. José Rafael Bencomo, Antonio Carrillo Rodríguez y otros de gran vocación docente y empeñosa dedicación a la enseñanza de sus alumnos.

Desde los años de la escuela primaria, Mario Briceño Perozo ofrece prístinos indicios de lo que habría de ser su trayectoria de hombre al servicio del país. Apenas cumplidos los catorce años, escribe sus primeras páginas en prosa y verso y las expone a la consideración de su maestro y condiscípulos en las memorables horas en que el Dr. Andrés Lomelli Rosario, después de fijarles la tarea de redactar un tema cada uno de los alumnos debía leer su producción para ser considerada colectivamente. Al concluir la etapa primaria de enseñanza, Mario Briceño Perozo inicia su educación media en el Colegio Federal de la Ciudad de Trujillo. Son los años que siguen a la conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar. 

Al Colegio Federal concurren numerosos jóvenes de los diversos pueblos y ciudades del Estado, por ser el único plantel de esta categoría que por aquellos días ofrece la oportunidad de alcanzar el título de Bachiller. Acaso en aquel intercambio juvenil de trujillanos congregados en la Capital de la Provincia para acopiar los conocimientos indispensables al desarrollo de su personalidad, surgieron los primeros atisbos conscientes de lo que muy posteriormente el académico Mario Briceño Perozo denominaría “la trujillanidad”.

Los años de la década del 30 en la región trujillana fueron años de silencio y marasmo. Habían transcurrido más de diez años desde los últimos brotes de rebeldía ofrecidos por los trujillanos frente a la emergente autoridad del General Juan Vicente Gómez y sus partidarios. Los caudillos militares y las personalidades civiles más prestantes del Estado se habían plegado mal de su agrado a las imposiciones del régimen o vegetan en el exilio, del cual algunos pocos volverían para morir agobiados por el desaliento y la ancianidad. 

Las generaciones jóvenes, nacidas después de 1908, apenas conocían por referencias en las conversaciones familiares a dos personajes connotados de la política regional: los Generales Juan Araujo, hijo del famoso León de la Cordillera y el General Federico Araujo. El primero recién liberado de un cautiverio de muchos años en los calabozos del Castillo de Puerto Cabello, y el segundo retirado a sus posesiones rurales de la Quebrada (Distrito Urdaneta) donde se consagraba a las labores pacíficas del agro. Las figuras de los grandes caudillos como el Doctor y General Leopoldo Baptista, el General Rafael Montilla (El Tigre de Guaitó), el Doctor y General Rafael González Pacheco eran sombras esfumadas en la muerte o en la distancia interpuesta por el ostracismo. En estas nuevas generaciones comenzaba, sin embargo, a germinar una inquietud, suscitada por los sigilosos comentarios de disturbios y rebeliones que muy confusamente podrían captar las mentes juveniles y por las lecciones de moral y cívica, en las que algunos maestros hablaban de los deberes y derechos de los venezolanos, pero con la prudente advertencia de que los derechos como la libertad de pensamiento y la de sufragio no se conocían en la práctica y que era lo mejor no referirse a ellas fuera de los ámbitos del aula.

En 1930 durante la Presidencia del General Emilio Rivas, se conmemora el centenario de la muerte del Libertador y esto motiva a los maestros y escritores regionales para hablar de la grandeza de su obra y de sus ideales. A instancias del entonces Secretario General de Gobierno del Estado Trujillo, Dr. Juan Penzini Hernández, se consagran en la ciudad dos obras a la memoria del Libertador: una gran estatua ecuestre idéntica a las que adornan las plazas de Caracas y de Lima, y un salón de Lectura con el nombre de "Biblioteca 24 de Julio". Los jóvenes alumnos del quinto y sexto grado de la Escuela Cristóbal Mendoza y los estudiantes de bachillerato del Colegio Federal de Varones comienzan a frecuentar la biblioteca provista de una gran enciclopedia y de numerosas obras de literatura y ciencias. 

Allí también pueden leerse periódicos y revistas de Caracas, de Montevideo, de Buenos Aires, en los que se informaba sobre las nuevas orientaciones literarias del Continente y del Mundo. Los jóvenes estudiantes de la urbe trujillana, especialmente aquellos que tenían inquietudes literarias, pudieron leer allí muchos libros. Entre ellos "Doña Bárbara", "El Ultimo Solar" y "La Trepadora" de Don Rómulo Gallegos editados en volúmenes de papel grueso y áspero. Uno de los libros que más apasionó a los jóvenes trujillanos, después de los nombrados, fue la novela histórica de Arturo Uslar Pietri "Las Lanzas Coloradas", proveniente de Santiago de Chile en una edición muy barata, prologada por Mariano Picón Salas, residente en la capital chilena. 

Mario Briceño Perozo, como los demás estudiantes, tuvo en aquel Salón de Lectura una fuente inagotable para nutrir sus inquietudes juveniles. En 1932, el Colegio Federal de Trujillo celebró el centenario del Decreto de su fundación dictado por el General José Antonio Páez en su carácter de Presidente de la República; con tal motivo los alumnos iniciaron la publicación de un pequeño órgano periodístico, "La Idea juvenil", cuyo nombre, uno o dos años después cambiaron para rebautizar "Allá". 

Mario Briceño Perozo fue uno de los más entusiastas colaboradores de estos iniciales proyectos periodísticos. Luego con Luis Mendoza Montani dirigió otro juvenil órgano de comunicación social bajo el nombre de "Preludios". En todos ellos Mario y sus compañeros publicaban trabajos en los que ya apuntaba el ansia de una renovación no sólo en lo literario, sino también en lo político y social. En 1936 después del deceso del General Juan Vicente Gómez, los estudiantes trujillanos del Colegio Federal se sumaron al movimiento estudiantil que preconizaba una nueva etapa democrática y organizaron la seccional de la altiva Federación de Estudiantes de Venezuela; siendo Briceño Perozo uno de sus más decididos activistas.

En 1937 Mario Briceño termina los estudios de bachillerato y pasa a cursar la carrera de derecho en la Universidad de Los Andes. Durante sus estudios universitarios continúa su labor de prensa en diversos periódicos del país. Así mismo da inicio a su labor como escritor con la publicación de sus primeras monografías: "Orígenes Sociales", tesis para optar el título de Bachiller; "Trilla", primer volumen de sus versos de estudiante; "Función Social de la Universidad", en la que aborda las luchas y problemas a nivel continental de la reforma universitaria, y "Bases Para Una Paz Definitiva", excelente trabajo que presenta como tesis de grado, labor toda esta de polígrafo que habrá de prolongarse por toda su vida de consagración al estudio y a la investigación histórica.

En su larga actuación como jurista, maestro y escritor Mario Briceño Perozo se ha desempeñado en funciones de juez, profesor e investigador en diversos sitios del país como Trujillo, La Grita, Aragua, Ciudad Bolívar, Mérida, Coro, Táchira y Caracas, En 1958, a raíz del movimiento popular que derribó la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, Mario Briceño Perozo fue designado Gobernador del Estado Trujillo, donde realizó una labor administrativa que aún se recuerda como una de las mejores efectuadas desde que el país recobró sus fueros democráticos. 

En 1959 fue designado Director del Archivo General de la Nación, al frente del cual realiza una fecunda tarea con el consenso de la comunidad científica y académica de Venezuela. Además de este cargo que ha constituido la base de su fecunda labor intelectual de los últimos treinta años, Mario Briceño Perozo adelantó con gran responsabilidad y constancia sus actividades de académico de la historia y de la lengua, de directivo de la Sociedad Bolivariana y de Catedrático de la Universidad Central de Venezuela. No obstante ser jubilado en la docencia, Briceño Perozo en la U.C.V. continuó al frente de los estudios dirigidos de Diplomática y del Taller de Archivos Históricos y Bibliotecología de nuestro máximo instituto de estudios.

En su constante actividad de investigador Briceño Perozo hubo viajado por numerosos países, y permaneció períodos completos en los Archivos de Indias de Sevilla y Salamanca, ha dictado conferencias en Lima y Trujillo (Perú), viajando en plan de estudio y de actividad académica por México, Colombia, Francia, la Unión Soviética, Estados Unidos y otros países. Su irrenunciable propósito de ser útil a su país y a las jóvenes generaciones estudiosas de Venezuela ha llegado a reunir, como fruto de su esfuerzo personal, una muy rica bibliografía que sobrepasa a los noventa títulos.

De éstos, por vía enunciativa y sin ánimo de mencionarlos todos, recordamos como los de más significación a nuestro juicio: "Francisco de Miranda, Maestro de Libertadores", 1950; "Cruz Carrillo", 1953; "Simón Rodríguez, Maestro de América", 1954; "El Diablo Briceño", 1958; "Las Causas de Infidencia", 1961; "El Contador Limonta" ' 1961; "Textos y Programas de Historia de Venezuela, 1962; "Historia Universal", 1963; "Magisterio y Ejemplo de un Vasco del Siglo XVIII", 1965; "El Archivo del Precursor", 1966; "Función cultural y docente de los archivos históricos", 1967; "Mirandonianas", 1967; "El Bolívar que llevamos por dentro", 1968; "La Ciencia de los Archivos" 1969; "Documentos. para la historia de la fundación de Caracas", 1969; "Archivos Venezolanos", 1970; "Historia Bolivariana.", 1970; "La popularidad de Martí en Venezuela", 1970; "Vida y papeles de Justo Briceño", 1970; "Reminiscencias griegas y latinas en las obras del Libertador", 1971; "Los peruanos al servicio de Venezuela", 1974; "El Juez Visitador Alonso Vásquez de Cisneros, 1974; "El Archivo General de la Nación", 1975; "Trazos de Historia Falconiana", 1977; Don Juan de Trujillo", 1978; "Temas de la Historia Colonial Venezolana", primero y segundo tomos, 1981‑1986; "La Academia Errante y tres retratos", 1983; "La Poesía y el Derecho", 1983; "Historia de Trujillo", 1984; "La Archivología como Ciencia y otros apuntes", 1985; y "Frases que han hecho Historia", 1966. 

La última obra que hemos tenido oportunidad de leer de Mario Briceño Perozo es "La Espada de Cervantes", publicada en diciembre de 1987. Se trata de un libro lleno de erudición y con un hondo sentido pedagógico, en el cual se destacan los altos valores como escritor y como hombre de armas al servicio de su país del inmortal autor del "Quijote" y se hace una exhaustiva referencia de los comentarios, meditaciones y resonancias suscitados por la obra cervantina en escritores, poetas, filósofos, historiadores, novelistas, arqueólogos, juristas, médicos, psicólogos y, en general, humanistas de los más diversos países y de todas las épocas posteriores al Siglo de Oro.

Al igual que su tarea de docente y escritor, Mario Briceño Perozo desde los tempranos años de su juventud hubo cultivado la poesía, Además de su libro "Trilla", ya mencionado, publicó "Pretérita Inquietud", 1949; "Sones de Tiorba", 1960; en limpia factura clásica, revelándose como uno de los más diestros cultivadores del soneto.

(Biografía tomada del libro “Gente de Venezuela -500 Años 585 Venezolanos” de Jorge Maldonado Parilli)

               !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!




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