ANTONIO JOSÉ DE SUCRE


                                                                             MARISCAL ANTONIO J DE SUCRE
HÉROE INDISCUTIBLE DE LA INDEPENDENCIA

Antonio José de Sucre y Alcalá nació el 03 de febrero de 1795, en Cumaná, Capitanía General de Venezuela, -Imperio español- actual estado Sucre, Venezuela; y murió el 04 de junio de 1830,en las Montañas de Berruecos, La Unión, Nueva Granada, actual Colombia.

Conocido como El Gran Mariscal de Ayacucho, fue un político, diplomático, estadista y militar venezolano, prócer de la independencia americana, así como: 
  • Presidente de Bolivia, 
  • Gobernador del Perú, 
  • General en Jefe del Ejército de la Gran Colombia, 
  • Comandante del Ejército del Sur y 
  • Gran Mariscal de Ayacucho. Era hijo de una familia acomodada de tradición militar, siendo su padre coronel del Ejército Patriota. Es considerado como uno de los militares más completos entre los próceres de la independencia sudamericana.
Perdió a su madre a los siete años de edad. Aún adolescente fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano de la catedral, presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de ingeniería militar en la Escuela de José Mires. En 1809, con su hermano Pedro y otros jóvenes, integró como cadete la compañía de Húsares Nobles de Fernando VII, en Cumaná, unidad organizada por Juan Manuel de Cajigal y Niño, gobernador de la provincia de Cumaná.

Luego de la capitulación del general Francisco de Miranda, amnistiado por Monteverde regresó a Cumaná, donde el nuevo gobernador realista Emeterio Ureña le extendió pasaporte para que se trasladase a Trinidad; pero no consta que hiciera uso de dicho documento. En 1813, bajo las órdenes del general Santiago Mariño, integra el grupo de republicanos conocido como los libertadores de oriente y participa en las operaciones para la liberación de aquella parte de Venezuela. 

Como edecán del general Mariño, en 1814, asiste a la conjunción de las fuerzas de oriente con las de occidente en los valles de Aragua. Ese año, su hermano Pedro fue fusilado en La Victoria por los realistas; y víctimas de José Tomás Boves mueren en Cumaná sus hermanos Vicente y Magdalena. No menos de 14 parientes inmediatos perecerán en la Guerra de Independencia. En 1815, tras combatir bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez en Maturín, pasa a Margarita y escapando del general Pablo Morillo, sigue a las Antillas y Cartagena. 

En esta plaza, con Lino de Pombo de jefe inmediato, dirige los trabajos de fortificación para la defensa de la ciudad contra el asedio realista de Pablo Morillo. En diciembre está en Haití. Cuando regresaba a Venezuela, naufraga en el golfo de Paria. En 1816, Mariño lo nombra jefe de su Estado Mayor y lo asciende a coronel. Este mismo jefe lo designa en 1817 comandante de la provincia de Cumaná. 

Después del Congreso de Cariaco (8 mayo) desconoce la actuación de dicho cuerpo colegiado y la autoridad de Mariño y se traslada a Guayana, donde se pone bajo las órdenes de Simón Bolívar. El 17 de septiembre de ese mismo año recibió de Bolívar la designación de gobernador de la Antigua Guayana y comandante general del Bajo Orinoco, y también el encargo de organizar un batallón con el nombre Orinoco. En 1810, la Junta de Gobierno de Cumaná le confiere el empleo de subteniente de milicias regladas de infantería. Este grado fue ratificado por la Junta Suprema de Caracas el 6 de agosto de ese mismo año. En 1811 desempeña en Margarita el cargo de comandante de ingenieros. El 31 de julio de ese año recibió el despacho de teniente. 

En 1812 se halla en Barcelona, en calidad de comandante de la artillería. Allí, el 3 de julio del citado año, junto con otros ciudadanos notables, firmó el acta de la junta de guerra que se reunió aquel día para resolver lo conducente a la seguridad de la República, a raíz de los acontecimientos en Caracas (ofensiva de Domingo de Monteverde) y la ocupación de Cúpira por un grupo de partidarios de Fernando VII.

Empezaba su carrera de gobierno en la cual desempeñaría todos los cargos de la Administración civil hasta presidente de la República en Bolivia. El 7 de octubre de 1817 recibió el nombramiento de jefe de Estado Mayor de la división de la provincia de Cumaná, bajo las órdenes del general Bermúdez, nombrado comandante de la citada gran unidad. Estos nombramientos tenían, además la finalidad de reducir la disidencia que reinaba en Cumaná. 

En aquella ocasión dijo Bolívar a Sucre «El general Bermúdez y Vd. van a hacer cosas grandes en Cumaná y quizás algún día serán llamados los salvadores de su país» En agosto de 1819 fue ascendido a general de brigada por el vicepresidente de Venezuela, Francisco Antonio Zea; grado que será ratificado por Bolívar el 16 de febrero de 1820. Viaja a las Antillas comisionado para adquirir material de guerra; misión que cumple con éxito. Ese mismo año desempeña, interinamente, la cartera de Guerra y Marina y es jefe titular del Estado Mayor del General.

El Armisticio de Santa Ana

Tras la liberación de la Nueva Granada y creada la República de Colombia, Bolívar firma con el general español Pablo Morillo, el 26 de noviembre de 1820, un Armisticio, así como un Tratado de Regularización de la Guerra. Sucre redactó este Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, considerado por Bolívar como "el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra". La importancia de los documentos redactados por Sucre, en lo que significó su primera actuación diplomática, fue la paralización temporal de las luchas entre los patriotas y los realistas, y el fin de la guerra a muerte iniciada en 1813. 

El Armisticio de Santa Ana le permitió ganar tiempo a Bolívar para preparar la estrategia de la Batalla de Carabobo, que aseguró la independencia venezolana. El documento, marcó un hito en derecho internacional, pues Sucre, fijó mundialmente el trato humanitario que desde entonces empezaron a recibir los vencidos por los vencedores en una guerra. De esta forma se convirtió en pionero de los derechos humanos. Fue de tal magnitud la proyección del tratado que Bolívar en una de sus cartas escribió: "este tratado es digno del alma de Sucre

El Tratado de Armisticio tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva". El Armisticio se firmó por seis meses y obligaba a ambos ejércitos a permanecer en las posiciones que ocupaban en el momento de su firma "...Por el cual desde ahora en adelante se hará la guerra entre España y Colombia como la hacen los pueblos civilizados".
Al frente de éstos se marchó al Alto Perú, donde, junto a los líderes libertarios, fundó la República de Bolívar (después denominada República de Bolivia) en homenaje al Libertador, a quien encargó la redacción de su Constitución, la cual fue promulgada en 1826 bajo la premisa de ser "la Constitución más liberal del mundo." 

  • Al frente del Gobierno boliviano, Sucre:
  • promulgó leyes progresistas; 
  • ejecutó la división política del país de acuerdo a la Constitución propuesta por Simón Bolívar; 
  • impulsó la instrucción pública; 
  • organizó el aparato administrativo; y, 
  • encaminó ambiciosos programas para la recuperación económica. 

El 18 de abril de 1828, estalló un motín en Chuquisaca. El Mariscal Sucre fue herido de dos balazos. Este incidente ocasionó que el Mariscal tomara la decisión de abandonar el cargo de Presidente de Bolivia para evitar rencillas y contribuir a la pacificación de la República. La Asamblea local lo nombró presidente vitalicio, pero dimitió en 1828 a raíz de los motines y la presión de los peruanos opuestos a la independencia boliviana. 

Se retiró entonces a Ecuador acompañado de su hija María Teresa y de su esposa, Mariana Carcelén de Guevara y Larrea, Marquesa de Solanda y de Villarocha. Comenzó entonces la campaña de liberación de Ecuador, que tuvo su culminación en la batalla de Pichincha librada el 24 de mayo de 1822. Con esta victoria de Sucre se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador y quedó el camino listo para la batalla contra las últimas fuerzas realistas que quedaban en el Perú (país donde José de San Martín había declarado la Independencia el 28 de julio de 1821). 

Tras una reunión en Guayaquil entre Simón Bolívar y San Martín, este último cede parte de su ejército al primero, y se retira definitivamente de las batallas de la emancipación hispanoamericana. Así, Sucre llegó y entró en Lima en 1823, precediendo a Bolívar. El 1 de diciembre de 1823 llegó a Yungay, estableciéndose en él por ser el punto céntrico del acantonamiento. Acomodó en sus inmediaciones a los batallones "Voltígeros de la Guardia" y "Pichincha" a los que la población avitualló y pertrechó hasta ponerlos en condiciones de marchar el 25 de febrero hacia Huánuco. Participó junto a Bolívar el 6 de agosto de 1824 en la batalla de Junín y, el 9 de diciembre del mismo año, venció al virrey José de la Serna en Ayacucho, acción que significó el fin del dominio español en el continente sudamericano. El Parlamento peruano lo nombró Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos.

Sucre Jefe Militar Supremo

Al llegar la primera expedición Gran colombiana al puerto de El Callao, Santa Cruz y Gamarra se encontraban en una ofensiva cerca de La Paz con casi todas las fuerzas peruanas. Lima había sido dejada casi desguarnecida por el ejército peruano, situación que aprovecho el Brigadier Canterac para organizar un ejército de 8000 hombres en Jauja con el que marchó sobre la capital, entrando en Lima el 18 de junio. El congreso nombró a Sucre general en jefe, quien contando el 18 de junio con solo 3700 hombres, evacuó la ciudad para El Callao. En los días siguientes hubo varios encuentros entre las avanzadas de ambas fuerzas, incluyendo un sangriento combate en el Carrizal y la Legua el 1 de julio. El 21 de junio el congreso peruano proclamo a Sucre Jefe Supremo Militar.

La batalla de Ayacucho

La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las Guerras de Independencia Hispanoamericana (1809-1826). La batalla se desarrolló en la Pampa de la Quinua en el departamento de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824. La victoria de los independentistas, significó la desaparición del último virreinato que seguía en pie, el del Perú, y puso fin al dominio colonial español en Suramérica; se cerraba la Independencia del Perú (la cual ya había sido declarada en Lima, el 28 de julio de 1821 por José de San Martín). Así finalizaban las batallas de la independencia del Perú, con una capitulación militar que se transformaría años más tarde en tratado diplomático firmado en París el 14 de agosto de 1879. Antes del inicio de la batalla, el general Antonio José de Sucre arengaba a sus tropas:
"¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!."
Antonio José de Sucre
La capitulación de Ayacucho.
Es el tratado firmado por el jefe de estado mayor José de Canterac y Sucre después de la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. Sus principales consecuencias fueron varias:
  • 1.º La Capitulación únicamente del Ejército bajo su mando.
  • 2.º La permanencia Realista en el Callao.
  • 3.º Perú, nace a la vida independiente, con una deuda económica a los países que contribuyeron militarmente a su independencia.
"Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú". La Batalla de Ayacucho fue la última batalla del proceso emancipador. Bajo las órdenes de Sucre combatió una efectiva representación de la unidad continental en oficiales provenientes de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Argentina, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile, Uruguay, Curazao, Puerto Rico, Guatemala y México; además de otros procedentes de distintas naciones de Europa.

Reconocimientos por la victoria de Ayacucho

Bolívar, quien redactó y publicó en 1825 su "Resumen Sucinto de la Vida del General Sucre", único trabajo en su género realizado por el Padre de la Patria, no escatimó elogios ante la hazaña culminante de su fiel lugarteniente:
"La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina". Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza".
"Usted está llamado a los más altos destinos, y yo preveo que usted es el rival de mi Gloria".
"El Congreso de Colombia hizo entonces a Sucre General en Jefe, y el Congreso de Perú le dio el grado de Gran Mariscal de Ayacucho".

El nacimiento de Bolivia

Luego del triunfo de Ayacucho, y siguiendo precisas instrucciones de Bolívar, el general Sucre entró en territorio boliviano el 25 de febrero de 1825. Su papel se limitó a dar visos de legalidad a un proceso que los mismos bolivianos ya habían puesto en marcha. El general Olañeta permaneció en Potosí, en donde recibió al batallón "Unión" procedente de Puno al mando del coronel José María Valdez, convocó a un Consejo de Guerra que acordó continuar la resistencia. 

Olañeta distribuyó sus tropas entre la fortaleza de Cotagaita con el batallón "Chichas" al mando de Medinacelli, Valdez con el "Unión" fue enviado a Chuquisaca y él marchó a Vitichi, con 60 000 pesos de oro de la Casa de la Moneda de Potosí. En Cochabamba se sublevó, con el Primer Batallón "Fernando VII" el coronel José Martínez; seguido en Valle Grande, por el Segundo Batallón "Fernando VII", deponiendo al brigadier Francisco Aguilera el 12 de febrero. 

El coronel José Manuel Mercado ocupó Santa Cruz el 14 de febrero, Chayanta quedó en manos del teniente coronel Pedro Arraya, con los escuadrones "Santa Victoria" y "Dragones Americanos" y en Chuquisaca el batallón "Dragones de la Frontera" del coronel Francisco López se pronunció por los independentistas el 22 de febrero. El coronel Medinacelli con trescientos soldados se sublevó en contra de Olañeta y el 2 de abril de 1825 se enfrentaron en la Batalla del Tumusla que culminó con la muerte de Olañeta. El 7 de abril, el general José María Valdez se rindió en Chequelte, ante el general Urdininea, poniendo fin a la guerra en el Alto Perú.

Declaración de la independencia de Bolivia

Convocada nuevamente la Asamblea Deliberante en Chuquisaca por el Mariscal Sucre, el 9 de julio de 1825, y concluida se determinó la completa independencia del Alto Perú, bajo la forma republicana, por soberana de sus hijos. Finalmente, el presidente de la Asamblea José Mariano Serrano, junto a una comisión, redactó el"Acta de la Independencia" que lleva fecha del 6 de agosto de 1825, en honor a la Batalla de Junín ganada por Simón Bolívar. La independencia fue declarada por 7 representantes de Charcas, 14 de Potosí, 12 por La Paz, 13 por Cochabamba y 2 por Santa Cruz. El acta de independencia, redactada por el presidente del Congreso, José Mariano Serrano, en su parte expositiva dice en tono vibrante:
El mundo sabe que el Alto Perú ha sido en el continente de América, el ara donde vertió la primera sangre de los libres y la tierra donde existe la tumba del último de los tiranos. Los departamentos del Alto Perú, añade en su parte resolutiva, protestan a la faz de la tierra entera, que sus resolución irrevocable es gobernarse por sí mismos.
Mediante un decreto se determinó que el nuevo estado llevaría el nombre de "Bolívar", en homenaje al Libertador, quien a la vez fue designado "Padre de la República y Jefe Supremo del Estado". Bolívar agradeció estos honores, pero declinó la aceptación de la Presidencia de la República, para cuyo cargo designó al Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Pasado un tiempo se volvió a debatir el nombre de la joven nación, y un diputado potosino llamado Manuel Martín Cruz, dijo que al igual que Rómulo viene Roma de Bolívar vendrá Bolivia.
"Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia".

El Mariscal Sucre fue quien le dio a Bolivia su primera Constitución Política en 1826, quien organizó las instituciones estatales y adoptó como sistema administrativo el modelo francés de los Departamentos en enero de 1826, que en ese tiempo eran solo cinco, y quien, en resumen, trabajó afanosamente en el gobierno hasta el desespero cuando, en 1828, los descontentos capitalinos atentaron contra su vida con móviles mezcla de desavenencias ideológicas y administrativas, celos y resentimientos, y en el que estaban involucrados algunos ilustres como Olañeta y Lemoine. 

El atentado fue fallido, pero dejó al Mariscal herido en un brazo y convencido de que más valía marcharse de ese antro de ingratitud. Pese a haber derramado su sangre por la independencia desde que era un adolescente de quince años, de haber derrotado al último Virrey de América en Ayacucho, y al carácter vitalicio de la presidencia que ejercía, cuando se marchaba de la capital fue abucheado por la población, incidente en el cual, se cuenta, la Coronela Juana Azurduy de Padilla escupió en la cara a uno de los conspiradores, Casimiro Olañeta, para significar su disgusto con el trato que le daban.

Matrimonio y descendencia

En carta que dirigió el 11 de octubre de 1825 a su amigo, el Coronel Vicente Aguirre, el Mariscal Sucre le solicitó que hiciera recoger y educar a la niña Simona de Sucre Bravo, nacida el 16 de abril de 1822, quien era hija de Tomasa Bravo, una pareja sentimental de Sucre, quien había muerto en esa época y del propio Mariscal, según afirmaba la madre. Los gastos de crianza y educación de Simona correrían por cuenta del prócer. No se supo más del destino posterior de esta hija de Sucre.  También el prócer mantuvo una relación sentimental con Rosalía Cortés Silva, de la cual nació en La Paz el 15 de enero de 1826, su primer hijo, José María Sucre Cortés. 
El 20 de abril de 1828, pocos días después del incidente que casi acaba con su vida en Bolivia, el Mariscal se casó por poder con la quiteña Mariana Carcelén de Guevara y Larrea, marquesa de Solanda y Villarocha. 

La ceremonia se llevó a cabo en la iglesia de El Sagrario de la ciudad de Quito, siendo Sucre representado por su amigo el coronel Vicente Aguirre, mientras que los padrinos de la boda fueron los marqueses de San José: Manuel de Larrea y Jijón y su esposa Rosa de Carrión y Velasco, que resultaban además tíos maternos de la novia. Ese mismo año, el 7 de junio, en Chuquisaca, nació Pedro Ceśar de Sucre y Rojas, fruto de otra relación de Sucre con María Manuela Rojas. 
El primer encuentro de la pareja ya como matrimonio se dio el domingo 28 de septiembre en la Hacienda Chisinche, propiedad rural de la Marquesa cerca de Machachi, al sur de la capital, y que a futuro se convertiría en una de las favoritas del Gran Mariscal. Al día siguiente se dirigieron a la ciudad de Quito, en donde Sucre había adquirido previamente la Mansión Carcelén, que había pertenecido a su difunto suegro y a la que había ordenado varias refacciones. Desde entonces la cotidianidad de la pareja transcurrió entre la mansión de Quito y las estadías temporales en el Palacio de El Deán, en medio de un ambiente apacible y al margen de las intrigas políticas.
El 10 de junio nació la única hija de la pareja, bautizada al día siguiente en la iglesia de El Sagrario con el nombre de Teresa en honor a sus dos abuelas, los padrinos de la pequeña fueron el general Juan José Flores y su esposa Mercedes Jijón de Vivanco, esta última resultaba además prima segunda de Mariana Carcelén. En una misiva posterior, Simón Bolívar le expresó su descontento a Sucre por no haberlo escogido a él como padrino, por lo que se disculpó alegando que se trataba de una promesa previa que le había hecho a Flores en el campo de batalla de Tarqui. Lamentablemente la niña no alcanzaría la edad adulta, pues dos años y medio más tarde, ya cuando Sucre había fallecido, la niña murió de afecciones estomacales, una causa común entre los niños de la época.

La Gran Colombia

Después de que Sucre acudiera en ayuda de la Gran Colombia, marchó a Bogotá en un momento en que el país se encontraba ya en proceso de desintegración, fundamentalmente por movimientos separatistas como el de la Cosiata en su natal Venezuela. En la reforma constitucional de 1830 en la Gran Colombia, sus enemigos logran poner la norma que para ser presidente o vicepresidente se debían tener 40 años (Sucre tenía 35). Y también es muy probable que esto haya sido la causa de su asesinato. Con Sucre vivo, continuaría la visión política de Bolívar y la unidad de la Gran Colombia. Simón Bolívar, el cual describió la grandeza de Sucre con una biografía en la cual quedan plasmadas citas como ésta:
El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.

Últimos días

Durante mucho tiempo se corrió la noticia de que fue el general Juan José Flores, compatriota y compañero de gestas independentistas quien había ideado el crimen, debido a la simpatía del pueblo quiteño al Mariscal y la posibilidad de éste, al radicarse en Quito con su esposa y su hija, de convertirse en el primer presidente del Ecuador –como ocupó las presidencias de Bolivia y Perú–, cargo que ocupó Flores desde 1830.

Simón Bolívar le escribió una carta a la viuda de Sucre agradeciéndole el ofrecimiento de conservar la espada de su esposo, el 5 de noviembre de 1830. De esta manera, ella cumplió con una de las cláusulas del testamento de Sucre, sin embargo Bolívar en el suyo ordenó que la espada del prócer le fuese devuelta a ella. 

Los restos del Mariscal Sucre fueron llevados a Quito por su esposa y mantenidos en secreto en el Palacio de El Deán, una propiedad familiar ubicada en el Valle de los Chillos, en las afueras de Quito. En 1832 y cumpliendo la voluntad de Sucre, que deseaba ser enterrado en la capital ecuatoriana, son depositados en secreto en el Convento del Carmen Bajo.
En 1900, durante la presidencia del general Eloy Alfaro, fueron llevados a la Catedral Metropolitana de Quito, donde ocupa una capilla. Una anciana religiosa, que había escuchado de sus antecesoras la historia, relató al arzobispo de Quito, Federico González Suárez, que la Marquesa de Solanda visitaba siempre el altar en donde fueron colocados los restos. Alertado el Gobierno, una junta médica reconoció el esqueleto encontrado, y lo identificó por las heridas de bala en el cráneo y en brazo, producto del crimen de Berruecos y la revuelta en Bolivia. 

Sin embargo no existe consenso respecto al paradero de los restos del Gran Mariscal ya que a inicios del siglo XX, la primera mujer que ingresó a la Academia de Historia de Venezuela, Lucila Luciani afirmó en su texto "Maravillosa historia de unos restos" la imposibilidad de que los restos del gran mariscal Antonio José Sucre estuvieran en Ecuador y desglosó una serie de argumentos para afirmar que los restos aún estarían en Colombia.
El catafalco que contiene los restos del Gran Mariscal, está hecho de andesita del volcán Pichincha, y el mausoleo está decorado con alegorías de la Independencia, La Libertad y la Victoria. El Gobierno venezolano donó una réplica de la espada del Libertador, que se encuentra en la pared del mausoleo. Periódicamente, la Guardia de Granaderos de Tarqui, que custodia el cercano Palacio de Gobierno, rinde honores a los héroes.
En su honor fue bautizada la capital de Bolivia, el estado donde nació y varios municipios en Venezuela, un departamento de Colombia, el aeropuerto internacional y varios barrios de la ciudad de Quito y la moneda antigua del Ecuador.

Última carta a Bolívar

El día 8 de mayo de 1830, el Mariscal Sucre envió desde Bogotá a Simón Bolívar, una misiva con este texto:
Cuando he ido casa de Ud. para acompañarlo, ya se había marchado. Acaso es esto un bien, pues me ha evitado el dolor de la más penosa despedida. No son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Ud.; Ud. los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. Lo conservaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa, y me lisonjeo que Ud. me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en todas circunstancias merecerlo. Adiós, mi general, reciba Ud. por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de Ud. Sea Ud. feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud de su más fiel y apasionado amigo.
A.J. de Sucre
Varios años después, el investigador Jorge López Falcón encontró en la Biblioteca Nacional de Venezuela, un documento manuscrito escrito en Bogotá el día 25 de mayo de 1830 que es otra carta que, en apariencia, dirigió a modo de despedida el Mariscal Sucre a Simón Bolívar, cuyo texto es el siguiente:
Bogotá, Mayo 25 de 1830
Mi querido Bolívar:
De pronto partir para Quito donde está el reposo tan deseado y al alejarme de todas las luchas políticas, quiero antes avisarle mi adiós y mi eterno cariño. Dios bien sabe cuánto hemos luchado por la libertad de todas estas tierras y cuán mal nos han pagado. Sé que al alejarme no me guía ningún síntoma de cobardía y de traición, sólo el gran amor y cariño a mi esposa e hija, las cuales hace mucho tiempo que no abrazo, me obligan a ello y también para dejar el puesto a todos nuestros enemigos, que con sus apetitos y sus falacias llevan la República al caos y a la ruina.
Allá, en el remanso de [palabra rota] da pu [palabra rota] la, en la belleza de mi [ilegible]. Siempre roto] [ten]drá usted, noble y viejo amigo un puesto de honor, y [palabra rota] no de quien lo quiere de veras.
A.J. de Sucre
Sin embargo, el historiador Tomás Straka llamó la atención sobre tres aspectos de esta misiva: en primer lugar, la confianza conque Sucre trató a Simón Bolívar a quien siempre llamó "Su Excelencia"; en segundo, el estilo de redacción inusual y en tercero, la propia fecha del documento ya que, de haber sido escrito en la fecha declarada, no hubiera podido llegar el 4 de junio al sitio donde el prócer fue asesinado, ya que solo se contaba con traslado a caballo, como único medio de transporte en esa época. fuente:www.wikipedia.org


            !!HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!!

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