ELIAS DAVID CURIEL


Precursor de la modernidad poética
 en Venezuela
         ELIAS DAVID CURIEL

Nace en Coro, Estado Falcón, el 09 de agosto de 1871. De padres judíos sefarditas procedentes de la vecina isla de Curazao, se establecieron en la capital falconiana a finales del siglo XIX y, hasta mediados del siglo XX, desarrollando un incipiente comercio en el casco urbano de la ciudad y contribuyendo con obras de servicio público. 

Elías David Curiel, fue maestro preceptor de escuela, poeta y periodista. Luego de una vida marcada por la soledad decidió poner fin a sus días el 28 de septiembre de 1924, dejando una significativa obra poética.

Precursor de la modernidad poética en Venezuela.
La obra poética de Elías David Curiel, constituye una presencia especialmente particular en la poesía venezolana. Precursor de la modernidad literaria en Venezuela, junto a José Antonio Ramos Sucre.  Elías David Curiel es creador de un universo poético de altísima originalidad, decididamente nuevo y definitivo, en que sentimos, que más allá de las proposiciones o hallazgos formales, estamos situados ante un espacio de revelaciones y ante la experiencia de vida de un auténtico poeta.

El conjunto de su obra fue reunida en tres libros: Poemas en flor, Música astral y Apéndice lírico. Especie de cuadernos escritos en varios tonos y una misma intensidad, que introducen en nuestra lírica de manera sustancial elementos de carácter filosófico, metafísico, de la mitología grecolatina, y de manera fundamental, elementos de la tradición hermético-cabalística de origen hebraico, que se conjugan con la atmósfera fantasmal y alucinante de la ciudad, plena de fulguraciones, emparentada con los ámbitos oscuros de Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire, con los espacios abisales de Lautreámont y las iluminaciones videnciales de Rimbaud, que le permiten anteceder y fundar magistralmente lo que podríamos llamar una corriente sólida de nuestra tradición poética moderna, representada en las obras de José Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Vicente Gerbasi, Luis Fernando Álvarez, Juan Sánchez Peláez, Rafael José Álvarez o Francisco Pérez Perdomo.

La obra trascendental de este poeta de origen sefardí es según Ennio Jiménez Emán, “dueña de un temple oracular pocas veces alcanzado en nuestras letras”. Hasta hace unos pocos años esta obra no es que fuese desconocida, como han querido afirmar equivocadamente algunos, sino un caso de olvido, de esos que abundan en nuestras letras. Lo cierto es que poemas suyos aparecen en el Cojo Ilustrado (Nº 236) en 1901, luego, en 1904 (Nº 293), un escrito en prosa de su propio puño; y posteriormente en 1906 (Nº 347) se le dedica una página completa y desde ese momento pasa a ocupar la condición de colaborador del que fuera uno de los más importantes medios impresos de la época. En verdad, desconocimiento ninguno, olvido en todo caso, pues es sabido que Fernando Paz Castillo, Miguel Otero Silva, Pascual Venegas Filardo, Luis Beltrán Guerrero, Juan Ángel Mogollón, Agustín García y otros importantes escritores venezolanos, reconocieron en su momento la originalidad creadora de Curiel.

Es noticia escrita también, que en 1941 Miguel Otero Silva reclama a Otto De Sola y a Mariano Picón Salas haber omitido a Curiel en la Antología de la Moderna Poesía Venezolana. Desde entonces, y luego, en ese viaje secreto y restringido, plagado de olvidos, en el que acude a sus lectores, desde la accidentada primera edición de su Poesía Completa por Luis Arturo Domínguez en 1961, no se tuvo noticia impresa de Curiel, salvo por apariciones de comentarios y semblanzas en revistas de poca circulación, hasta 1971 cuando por orden del entonces gobernador de Falcón, Ramón Antonio Medina, se hizo una nueva edición (la edición azul), que incorpora a los tres cuadernos iniciales, un mea culpa y una suerte de poética escrita en prosa. 

La edición tuvo el favor de Ernesto Silva Tellería, Virgilio Medina, Olga de Curiel y Martiniano Bracho Sierra. Estas dos publicaciones y, por ese mismo tiempo Vida y obra de Elías David Curiel (s.i.ni a.), editado por el Ateneo de Coro y en el que Virgilio Medina reunió artículos y ensayos, junto a fragmentos y anecdotarios firmados por quienes se habían ocupado de estudiarlo hasta ese momento, contribuyeron a despertar un nuevo interés. 

Hasta el año 2003 que bajo los auspicios del Ateneo de Coro nuevamente y el de otras instituciones culturales del país se editó Ebriedad de Nube, edición corregida y definitiva de sus poesías, esta vez incorporando algunos poemas inéditos. De este mismo libro, extraemos de su solapa la reveladora afirmación de Fernando Paz Castillo sobre el poeta:

 “…los versos de Elías David Curiel tienen el romanticismo de Musset, inquieto y sensual, y las profundidades, en veces impertinentes de Baudelaire. Y sobre todo una marcada influencia de la Biblia con su grandeza, desolación y erotismo”.


Importantes valoraciones de la obra de Elías David Curiel

"Muchos de los que fueron sus discípulos presentan a Elías David Curiel como un dipsómano sentado a la puerta de su casa, una solariega casona del Coro colonial de siglos atrás, abstraído, con la mirada errante, perdida en un extraño y lejano mundo, despertando en los transeúntes que le contemplaban con cierta maledicente curiosidad, las más inverosímiles conjeturas. Los retratos físicos que de Elías David Curiel se conservan, nos lo presentan como genuina mente fue: flor y fruto desgajado del remoto y gigantesco árbol de Israel. 

El rostro ovalado; los ojos abstraídos como aferrados a una visión de pesadilla interna; la nariz enormemente corva, hebraica en todas sus sinuosidades, le imprimía junto a su barba rubia de Nazareno, un aspecto hierático de penitente profeta bíblico… Empero esta familiaridad de este bohemio impenitente, casi siempre mal vestido, que escribía versos ininteligibles y hablaba solo cuando transitaba las desiertas calles de Coro, pocos sospechaban que él representaba entre los poetas contemporáneos de Venezuela, los que tenían por santo y seña al “Cojo Ilustrado”, uno de los de mayor connotación y obra más trascendente, si bien ésta, todavía no conocida, sino muy fragmentaria mente…”. (Virgilio Medina, en “Creyón para el retrato de un poeta maldito”, Editorial Arte. Págs. 1 y 2).


“Se ha dicho que con José Antonio Ramos Sucre y Elías David Curiel penetra la modernidad literaria en Venezuela… Cabe sin embargo detectar analogías y diferencias que no involucran necesariamente comparaciones, porque toda comparación es odiosa… Coinciden en reminiscencias dolientes de la infancia que no compartieron con los otros párvulos…Coinciden en cierta pre-figuración de la muerte: si bien en la poesía la remiten a la vejez…Coinciden también en el entorno sin transición entre el sueño y la vigilia…La imagen de la casa es también común…

Notemos ahora diferencias... Curiel era poeta órfico. Ramos Sucre no lo era... Otra diferencia es la naturaleza del fantasma…En Ramos Sucre parecen elaborados en una magia prodigiosa. O extraídos de la historia del mundo en tiempos primordiales… Coinciden en la idea de la muerte y sus implicaciones en la moral como redenciones… La diferencia en Curiel radica en que detecta al fantasma y complementa el aderezo. Es el típico fenómeno supra-sensible que oye y ve en el curso de toda una vida…Los circunscribe a la esfera familiar, los asocia al santuario y al conjuro. Son atávicos. Les imprime contenido.

Al principio les teme, más tarde los sublima; como si los sometiera al exorcismo… Por la sublimación alcanzan la imagen angélica de niños a veces finados: siempre sonrientes invitado a la ronda: la figura esplendente de las hermanas y las sombras augustas del padre y de la madre...En Ramos Sucre como en Curiel encontramos declamaciones del paisaje… La mística esta en ambos en la postulación moral y en cierta disposición ascética, en el lenguaje sin disolución, en las visiones... Menos frecuente es su analogía en la tradición oculta.

En Ramos Sucre se muestra esporádica y un tanto exterior… Curiel no necesita nombrarla porque deviene implícita y le corresponde por derecho propio, recordemos el Zohar cabalístico, nueva Biblia de los sefarditas, de aliento místico… Mostraban ambos muy versados en la mitología. La insinuaban dejando al lector su sentido explícito, como debe ser… Ad viértase que la expresión de Curiel  se aproxima a la teoso fía forma parte de sus búsquedas, abiertas hacia las manifestaciones del espíritu. Su compromiso atávico con el judaísmo no le impedía la aproximación al cristianismo; ni reducía su exaltación estética del helenismo, su abigarrada cultura, el mundo maravilloso de su poesía … (Juvenal López Ruiz, en La Voz del Silencio,.páginas 21 al 28, y 34).


“El contexto del modernismo y su tiempo no se puede ignorar en la formación cultural de Curiel. Quizás guardando un parecido a Herrera Reissig, habría que relacionarlo también, con el mexicano López Velarde en la vertiente de lo oculto, que según afirma Octavio Paz en “Cuadrivio”, incluso penetra en América con el modernismo. Así, ambos vendrían de Hugo, sin omitir la gran dosis de misterio que hay en toda poesía y que somete al conocimiento la aproximación, incluso a la imagen de los ideogramas y a lo que el teólogo alemán Rudolph Otto ha llamado numinoso, para referir a lo indescriptible, asemejándose a lo irracional en la idea de Dios”. (Juvenal López Ruiz, en La Voz del Silencio, páginas 195-196).


“Dueño de un temple oracular pocas veces alcanzado en nuestras letras, la encendida palabra que él mismo lleva consigo le hace alcanzar una trascendencia inusitada a su autor, como espíritu avanzado en su tiempo en lo que se refería a la creación poética, y en cuanto a sus dotes videnciales, solo comparables a espíritus como Rimbaud, Poe o Baudelaire, y en nuestro país a un José Antonio Ramos Sucre…

Creemos personalmente que Curiel es lo que el crítico norteamericano Harold Bloom en su libro La angustia de las influencias llama un “poeta fuerte”, un creador original que asimila toda una tradición de influencia pasadas y presentes dando como resultado un producto nuevo y definitivo, y que quizás sea también el fundador de una tradición oracular secreta – diferente a la generada por José Antonio Ramos Sucre – en la que podrían inscribirse nombres como los de Paz Castillo, Luis Fernando Álvarez , Vicente Gerbasi, Juan Sánchez Peláez o Francisco Pérez Perdomo (Ennio Jiménez Emán, en Las Voces Ocultas, páginas 11 y 12)...


...“Elías David Curiel no es sólo un escritor religioso y contradictorio en la búsqueda y las dudas de la fe, sino también un poeta metafísico de densa inquisición ontológica; sólo que su ontología no es filosofía pura expresada en un poema, sino un entramado de múltiples aristas desde el que se indaga la poesía, el mundo, la existencia, pero también desde esas diferentes vertientes se pueden vislumbrar y analizar cada una de esas perspectivas, cada una desde las otras, o las unas en relación con las otras.

Me atrevo a afirmar que nunca en la poesía venezolana de 1870 hasta 1920, se había alcanzado un tan alto nivel de captación de lo poético desde esa complejidad y densidad simbólicas, desde ese juego de múltiples códigos, que se entremiran y entrehablan, como se aborda en los textos del poeta falconiano. Elías David Curiel es un rara- avis en el panorama de la poesía modernista y posmodernista latinoamericanas. 

Insisto: el desconocimiento por parte de la crítica de este gran poeta que lo es también de la transición de la poesía de América Latina, desconcierta y es digna de lamentar (Enrique Arenas, en El Discurso del Insomnio, estudio crítico del libro Ebriedad de nube. página 37) www.wikipedia.org


               !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

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