VICENTE DE LA TORRE


            VICENTE DE LA TORRE


El año de 1777 se creaba la Capitanía General de Venezuela y, se establecía los límites territoriales que aún configuran hoy nuestro territorio nacional. Nació el 24 de diciembre de 1815, en Escuque, Trujillo, Venezuela, un
niño que con el tiempo debía convertirse en héroe y mártir de la causa emancipadora: Vicente de La Torre. 


Para el año de 1800 (comienzo del Siglo XIX) Vicente de La Torre es ya un joven de 23 años de edad, que comparte con su padre, las diversas inquietudes concernientes a los intereses de la familia y a la marcha de los acontecimientos en España y en Caracas. 

Don Vicente de La Torre se mueve sin cesar entre sus fundos y la ciudad de Trujillo. Desde el momento en que los pueblos de Trujillo se han encaminados a la Independencia del país, el joven don Vicente de La Torre,  terrateniente de 24 años, es entusiasta partidario de la autonomía primero, y luego, de la emancipación definitiva. 

Nombrado Alcalde de la Villa de Escuque, asume sus funciones con gran responsabilidad y se hace celoso guardián del orden establecido en Venezuela a partir del 5 de julio; y apasionado lector de y estudia cuidadosamente los Derechos del Hombre y del Ciudadano, amén de las disposiciones de la Constitución aprobada por el Congreso. 

Don Vicente de La Torre, por encargo del gobierno provincial trujillano, secundado por otro hacendado llamado Ramón Méndez, que comandaba los destacamentos trujillanos y en El Cenizo, y en Los Llanos de Valerita, derrota de manera contundente al enemigo realista. El Capitán de La Torre recibe informes de que: su esposa, sus primas y tres de sus hijos han sido detenidos en las Vegas del Río Motatán. 

El Capitán entonces resuelve convertir su fuga en resistencia activa y forma con cincuenta hombres de su hacienda "El Cequión" una guerrilla, con la colaboración de su hija mayor Barbarita y varios oficiales. Entonces pide la ayuda a un aguerrido jefe realista que controla con fuerzas considerables las tierras de Carora y Siquisique, conocido como el Indio Reyes Vargas. Este jefe, se desplaza hacia Trujillo y emprende la ofensiva contra los guerrilleros de La Torre. 

El primer encuentro ocurre en el sitio "Los Amadores", de las llanadas de Monay, de donde el jefe patriota se retira prudentemente ante la superioridad numérica y recursos bélicos del adversario. En nuevo encuentro en el lugar denominado "La Ceibita", en la zona baja próxima al Lago, repite la maniobra, de La Torre. Sin permitir que Reyes Vargas diezme su pequeña fuerza, el Capitán de La Torre, ataca y se retira, dejando por supuesto, heridos que son de inmediato liquidados por la implacable ferocidad del jefe realista. 


El Capitán de La Torre busca en su repliegue constante aproximarse a su base logística "El Cequión", fundo de su propiedad cercano a Betijoque. Durante las escaramuzas entre el grupo guerrillero y los realistas, Barbarita(su hija) y los otros oficiales han permanecido firmes, dando muestras de indomable coraje. Los guerrilleros se asombran ante la serenidad y audacia de Barbarita en los momentos más conflictivos. Pero, cuando Barbarita efectúa una maniobra de reconocimiento, se ve rodeada por el enemigo que de inmediato la captura y remite al Gobernador Farías como trofeo inapreciable. 


Al recibir el Capitán de La Torre este funesto parte, enmudece y un sudor frío surca su frente. Se trata de su hija predilecta, del alma de la resistencia. Piensa en la suerte infame que puede sufrir su hija en manos de los desalmados sicarios monárquicos. Decide entonces proponer a Farías, entregarse como rehén, a cambio de la libertad de la heroica muchacha. Farías, de inmediato acepta la proposición, y de La Torre, después de dar de baja a los integrantes de su pequeña fuerza, se pone en manos de los realistas. 

La ciudad de Trujillo es seno de los más encontrados sentimientos. El Gobernador Farías y sus secuaces se muestran jubilosos: ha terminado para ellos, una pesadilla de más de dos años. El mandatario está dispuesto a dar un escarmiento con la ejecución del Capitán de La Torre. Los trujillanos tratan de persuadirlo de que tal medida no es conveniente, porque habrá de recrudecer el odio y generar propósitos de venganza en muchos de los amigos y partidarios del guerrillero. Pero de nada vale las súplicas, los razonamientos y las representaciones suscritas por los más respetables representantes de las familias locales. 


Francisco Farías, fanático, intolerable, insensible, lleva adelante su designio exterminador y el Capitán Vicente de La Torre, con el mismo valor y la impávida entereza con que había defendido su causa, subió al patíbulo instalado en una plazoleta situada frente a la puerta lateral de la Iglesia Nuestra Señora de la Chiquinquirá, en la vieja urbe donde tres años antes el Libertador había suscrito el tremendo decreto de la Guerra a Muerte. 
fuentes: biografías trujillanas,ediciones EDIME, con dedicatoria del autor, Pedro de Santiago, a Cecilia Pimentel. 
                                                !HONOR,  QUIEN HONOR MERECE!






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