PEDRO VARGAS

                                                                                                  DON PEDRO VARGAS



El tenor mexicano Pedro Vargas nació en San Miguel de Allende, pequeña ciudad del Estado de Guanajuato, el 29 de abril de 1906, en el seno de una familia humilde. 

Desde los 7 años cantó en el coro de la iglesia de su ciudad natal. En 1920 llegó a Ciudad México y de inmediato comenzó a cantar en coros de iglesias y luego en serenatas. En el Colegio Francés de La Salle de aquella ciudad, al oírle cantar le ofrecieron estudios de secundaria, un maestro de piano, solfeo y francés y todo gratuitamente. Allí se graduó de bachiller.


El maestro José Pierson al oírle le ofreció lecciones de técnica vocal y alojamiento, también sin cobrarle. En la casa de Pierson entró en contacto con Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu y Jorge Negrete. El problema era que el maestro lo creía barítono y Vargas comenzó a sentir que no avanzaba con él. Por recomendación de José Mojica fue a ver a su maestro Alejandro Cuevas quien de inmediato también le ofreció gratuitamente lecciones y así se inició lo que Pedro Vargas recordaba como el inicio de su verdadera preparación como cantante.

Con Cuevas estudió canto, movimiento escénico, italiano y francés. El domingo 22 de enero de 1928 debutó como Turiddu en la Cavalleria Rusticana de Mascagni en el teatro Esperanza Iris. Esa misma noche recibió dos ofertas: una para cantar El Barbero de Sevilla de Rossini, con la famosa soprano Ángeles Otein y la otra firmar para una gira por Estados Unidos de un año como uno de los solistas de la orquesta de Miguel Lerdo de Tejada. Después de sopesar los pro y contra de ambas ofertas, aceptó la segunda. Hasta ahí llegó su carrera operística y su amistad con el maestro Cuevas, quien nunca le perdonó a su alumno el haber escogido el canto popular como forma de expresión.

La gira duró del 26 de enero de 1928 hasta el 9 de febrero de 1929 y en New York Pedro Vargas grabó para la Victor su primer disco de 78RPM: «La canción del primer amor del propio Lerdo de Tejada con el respaldo de «Ya va cayendo.. . de Tata Nacho a dúo con Miguel Campos. En 1930 grabó en México para la Brunswik y a partir de 1932 firmó con la Victor un contrato que duró más de cincuenta años, durante los cuales grabó más de 3.000 canciones diferentes. La casa Pathé patrocinó el 20 de septiembre de 1930 un concurso de valses en el cine Imperial para la promoción de la actriz norteamericana Ann Harding (.La dama de la pantalla»).

La decisión sería por duración de los aplausos del público. Juan Arvizu estrenó: Intimo secreto de Alfonso Esparza Oteo, Néstor Mesta Chayres Divina mujer» (2 premio) de Jorge del Moral, Alfonso Ortiz Tirado Cortesana» de Agustín Lara, pero el ganador fue Pedro Vargas con el vals «Ann Harding» de Carlos Espinosa de los Monteros. La crítica especializada diría al siguiente día: «Pedro Vargas realzó el vals «Ann Harding» poniendo toda su alma en el decir del verso y con una técnica magnífica, con una mímica discreta y con una modulación estupenda. Vargas metió al público en el vals de Carlos Espinosa de los Monteros, no sólo en los oídos, sino en el alma". Esa noche Pedro Vargas fue contratado como intérprete oficial de Agustín Lara. Era el paso más decisivo de su carrera después de haber cambiado la ópera por la canción popular.

Vargas estrenó prácticamente todas las canciones de Agustín Lara para voz masculina entre 1930 y 1936, año en que el joven tenor inició su carrera como solista independiente. Entre sus agradecimientos a Lara nunca olvidó mencionar el desarrollo de la memoria, ya que Lara sólo le permitía leer la letra de cada canción por dos veces y a la tercera ya debía cantarla de memoria. La primera gira internacional de Pedro Vargas en 1933 lo llevó a Cuba, país al que siguió visitando periódicamente y que llegó a considerar como su segunda patria: "A Cuba le debo haber sentido por primera vez el cariño de un público que no fuera el de mi país".

En 1938 triunfó en Puerto Rico y así su vida artística desde 1928 hasta su fallecimiento el 30 de octubre de 1989 no fue más que una cadena de triunfos. En enero de 1952 Pedro Vargas debutó en La Voz Dominicana, circuito al que regresó en julio de 1954 para la celebración de la XIP Semana Aniversaria. Años después se presentó en el Hotel Embajador y finalmente, el 24 de octubre de 1973, se despidió del público dominicano con un estupendo concierto en el Auditórium del Palacio de Bellas Artes. Pedro Vargas mereció el apelativo artístico de «El tenor continental'. En México se le llamaba «El samurai de la canción, por las características externas e internas del estoicismo de su raza. Cantó en los más prestigiosos teatros del mundo y cuando todavía el 21 de septiembre de 1981 ofreció un concierto patrocinado por la OEA en el Kennedy Center for the Performing Arts» mereció el homenaje de Alejandro Orfila, Secretario General de la OEA.

Algunos críticos han dicho a la ligera que Pedro Vargas se aclimató a todos los ritmos. En cambio, nos parece que Pedro Vargas aclimató todos los ritmos a su particular manera de cantar. Con su estilo original y fácilmente reconocible, con su inconfundible manera de decir la canción marcó varias generaciones de cantantes de América. Con su apariencia impasible exprimía de cada canción la última gota del romanticismo sin teatralidad ni afectación. En su voz y estilo la canción nunca fue banal. Pedro Vargas debutó por los micrófonos de la NBC en 1928 y por la XEW el 20 de septiembre de 1930.

Refiriéndose a su carrera radial decía: 'Gracias a la radio Debutó en la televisión por la CBS de New York en 1951 acompañado por la orquesta de Percy Faith. Después en México mantuvo por 13 años su programa El estudio Raleigh de Pedro Vargas. El 20 de marzo de 1964 cantó un concierto en el Carnegie Hall de New York, con un éxito ya hoy legendario. En el cine mexicano debutó en 1936 cantando Flores negras» de Sergio de Karlo en Los chicos de la prensa. Apareció en unas 70 películas, incluyendo El caballo de mi general', de 'Walt Disney. La voz de Pedro Vargas era de tenor lírico, robusta, poderosa, brillante, aunque intrínsecamente corta en la región del agudo.

Por muchos años cantó el repertorio del tenor popular, no tan agudo corno el de la ópera, pero mucho más agudo que el repertorio del cancionero romántico. Su logro no descansaba tanto en agudos excepcionales como en su poder (le transmisión, en su capacidad de comunicar emociones muy hondas, ancestrales algunas, que no dejaba transparentar en su rostro impasible, estoico, como la raza suya que tan dignamente supo representar. Su carisma residió en el canto y su presencia escénica era impresionante, aunque siempre mantuvo la serenidad del recitalista nato. Su ejemplo para la posteridad radica en su modestia y en ese saber mantenerse en el ámbito de sus posibilidades.
fuente buenamúsica.com

                 !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE!

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